sábado, 9 de mayo de 2020

Raúl Pérez, el hombre de los mil suelos

Manuel Villanueva
09/05/2020

Para Raúl Pérez, todo comenzó con Ultreia, el saludo peregrino en el Camino de Santiago y la marca elegida para dar nombre a su primer proyecto personal en el Bierzo

"Raúl no me enseñó a hacer vino, sino algo más importante: a pensar en cómo hacerlo", confiesa uno de sus 'discípulos'

En el Bierzo hay una luz que camina, que dibuja tardes hermosas y días prolongados. Es tierra que "lleva en verano felicidad, en otoño melancolía, en invierno lo misterioso y en primavera al cielo", dice el poeta villafranquino Juan Carlos Mestre. Los castaños y los cerezos proliferan en este jardín cantado por ecos de vida. En el paso de Cacabelos a Villafranca, aparece Valtuille de Abajo y entre albricias de vinos y viñedos está siempre Raúl Pérez.

Su historia familiar y el vino se remontan a mediados del siglo XVIII hasta llegar a la bodega de Castro Ventosa en la que dio sus primeros pasos. Aunque yo diría que para él todo comenzó con Ultreia, el saludo peregrino en el Camino de Santiago, la marca elegida para dar nombre a su primer proyecto personal en el Bierzo, en esa finca situada al pie de la  excelsa andadura.

Como una premonición, como si ese maridaje (vino y camino) tuviese algo de augurio del porvenir, para predestinar el siguiente paso: su llegada a Galicia. Monterrey, Rías Baixas y Ribeira Sacra

La lluvia suave caía sobre el valle de Monterrey (Ourense), sobre las montañas compartidas con Portugal que dan abrigo a aquellas tierras. Este fue el primer destino gallego de Raúl, allá por 1998, y con otro vigneron grande, humilde y sabio iniciaron una colaboración muy fructífera: así nació A Trabe, un vino al que Parker le dio 97 puntos, una nota vertiginosa para un vino gallego. De esta forma Galicia y sus vinos golpeaban con contundencia la aldaba de la puerta del mundo. Dice César Ruiz, el propietario de la vinoteca más interesante de Madrid, La Tintorería, que "los vinos de Monterrey se parecen a los del norte del Ródano: son minerales, briosos, sorprendentes".

El mar rompía enérgico contra los cantiles de San Vicente do Mar, en la península de O Grove. Las olas saltaban hasta lamer las primeras líneas de viñedo en las proximidades de A Lanzada. Raúl supo leer en ese rastro de sal, de mar, en la espuma de sus olas, de sus sueños, que habría una nueva manera de vinificar, de producir. En este tramo de vida se encontró con una de las personas más entrañables, bondadosas y generosas que conozco: Rodri Méndez, el druida de Meaño. Y se quedó. Los Méndez se convirtieron en una nueva familia para él y en esta relación se perfilaron los tintos de mar de Rodri y nació Sketch, el albariño de bajo el mar, que duerme su espera en una batea de la Ría de Arousa antes de pasar por la bodega de Rodri, en donde Raúl lo termina. Este vino no está en la D. O., el que sí lo está es su nueva marca: Atalier, un albariño con alta maduración.

La niebla es la seda de Galicia, cada amanecer se esparce por el curso del Sil, navega con parsimonia por sus cañones. Raúl sabía que detrás de esa niebla, en el corazón de esa tierra, estaba el reino inclinado de la mencía. Aquí llegó este berciano polifónico para producir un vino que dejó admirado al mundo: El Pecado, que por cierto llegó antes que La Tentación (un pinot noir que hace en El Bierzo) que elaboró en una bodega de Sober (Lugo), Adegas Guímaro, propiedad de Pedro Rodríguez y familia.

El Pecado fue noticia hasta en The New York Times y llevó la fama de los tintos de esta zona muy lejos, hasta despertar la atención del mercado nacional e internacional, una demanda que contribuyó decisivamente a hacer que la Ribeira Sacra fuese una marca. Una curiosidad añadida: el nombre de Guímaro tiene relación con los guímaros, precursores de los irmandiños, la primera revuelta en contra de la burguesía y la nobleza gallegas de mediados del siglo XVII.

El tránsito de Raúl por estas tierras se escribe también con su encuentro breve pero intenso con Fernando González, en su bodega Algueira (propiciado por un amigo común), en donde emprendieron una recuperación de variedades autóctonas: caíño, sousón, merenzao, brancellao... Los vinos que hace esta bodega son de una elegancia suprema, de gran sobriedad.

"La Galicia del vino pasa por una época de resplandor gracias a personas brillantes y talentosas como Raúl. Saber leer, interpretar y reinterpretar, utilizar la sabiduría antes que el conocimiento para volver a comenzar una historia de vino y de vida, remontada a siglos atrás y llena de leyenda. Raúl escribió un período importante en los vinos de Galicia. Supo escuchar y aprovechar la sabiduría popular para llevar a Galicia a lo más alto de los vinos reconocidos por su autenticidad". Palabras de Pitu Roca.

"Raúl no tiene fórmulas" -otra vez César Ruiz- , "todos sus vinos son diferentes, cada uno es interpretado de manera distinta. La polifonía llevada a este mundo de armonías".
Para culminar su tarea Raúl y Rodri, que han alcanzado la hermandad absoluta, crearon su propio proyecto: Castro Candaz, en la zona de Chantada, la más fresca del territorio. Allí elaboran una pequeña producción de unas 15.000 botellas del vino del mismo nombre y de otros dos apellidados por sus parcelas: Boca do Demo y El Curvado. Dos vinos de un estilo muy borgoñón, en donde la mencía se expresa con toda su verdad: la uva que sabe a la tierra. En el 2013 elaboraron un godello maravilloso, La Vertical, que ahora va a salir al mercado en su segunda añada, 2018.

Otras geografías

"Techos que a mí me cobijen / cielos serán los mejores" (Manuel Altolaguirre)

Es Raúl el hombre los mil suelos, de múltiples cielos de abrigo. Sus colaboraciones se extienden más allá de las referidas; la más duradera es la Tilenus, en su tierra, que desde que la compró el grupo MG Wines, el grupo presidido por Luis Miñano, se extendieron a otras bodegas de esta empresa: Lavia (en Bullas, Murcia), Sierra Salinas (Alicante), Bodegas Almanseñas (Almansa) o la recuperación de los fondillones en Monóvar (Alicante).
Gredos es otra de las zonas que le encantan a Raúl y allí ha emprendido también nuevos proyectos ensamblados con sus amigos y distribuidores de Madrid, La Tintorería: Viñedos del Jorco, en donde elaboran distintas referencias. El Jorco Vino de Familia, en una parcela del mismo nombre en Cebreros (Ávila), en donde se encuentran el Río Alberche y Arroyo Pizarro, un vino con más madurez de viñas viejas con toda la realidad y el equilibrio de la garnacha de la zona. La otra referencia es Los Enebrales, hecho en Navatalgordo, al otro lado del pantano, a mil metros de altitud en suelos menos profundos, más graníticos, en roca madre. Se nota la experiencia y el impecable quehacer de quienes lo elaboran.
Otro de los proyectos que está en fase de arranque, en Navarrevisca (Ávila) también en viñas viejas, va de la mano del empresario Alfonso Carrascosa, otro de los aficionados que deslumbran. Este mismo empresario y amigo tendrá su propio El Rapolao con Raúl en Valtuille.

Fuera de España ha llevado sus Ultreia a Sudáfrica con Eben Sadie, con quien elabora elabora un monastrell: Ultreia, Cabo de las Tormentas. Con Dirk Nieport, en su bodega portuguesa, Ultreia Douro. En Bairrada, donde hace tres años emprendió una aventura asociado con otros dos amigos abogados, Carlos Pazos y Joao Soares da Silva. La muerte repentina de este último ha paralizado momentáneamente el proyecto. El vino se llama Agnés y hay tres añadas en el mercado. No hay confines para este singular enólogo.
En la provincia de León, en Valdebimbre, en la comarca del Páramo, cerca de La Bañeza, Raúl emprendió en el año 2006 un proyecto muy singular. De hecho se llama Rara Avis, un blanco hecho con albarín y un tinto de prieto picudo, cinco años en barrica y bajo velo en flor. Desde hace un par de años en una finca de cinco hectáreas, en la misma zona, y también con prieto picudo produce su Arrotos del Perdón.

El Bierzo, su patria chica

El Bierzo, Valtuille y sus viñedos son el territorio artúrico de este mago polifónico. Allí, y con su viejo amigo Luis Miguel Fernández, han creado la Compañía de Vinos Camino del Norte, vinos de godello, de mencía, con leves aportaciones de pinot noir y petit verdot; viñedos centenarios entre Valtuille y Cacabelos que miran al Atlántico y donde el terroir tiene una importancia vital. Elegantes y de una finura exquisita. De gran personalidad. En esta tierra Raúl Pérez es una referencia.

"Es muy generoso, capaz de ver a largo plazo y tiene una gran capacidad para enseñar". "Un día Fernando de Algueira me dijo: 'Raúl no me enseñó a hacer vino, sino algo más importante: a pensar en cómo hacerlo”. Quien esto dice es Paco Berciano, el creador del certamen de vinos más original de este país: Vinos con Alma Únicos. Es bonito hasta el nombre. A la buena sombra de Raúl han crecido jóvenes bodegueros que ahora tienen sus propios proyectos: Verónica Ortega, Diego Magaña, Pepe Pereiro y su sobrino César Márquez, que además se ocupa también De Castro Ventosa, la bodega familiar.

Un día le escuché decir a un emigrante que después de haber visto tanto mundo era más gallego que nadie. Lo mismo le pasa Raúl, su patria es esta tierra, el mayor viñedo de la región, que podría recorrer con los ojos vendados y a la vez describir con precisión sus suelos de arcilla caliente, arenosos, los arcillo-ferrosos, de pizarra; las líneas divisorias de sus parcelas, sus orientaciones, los lugares más frescos o cálidos. Todo. De esta pequeña borgoña salen también los muchos vinos hechos por Raúl: sus Ultreia. Saint Jacques, Valtuille, La Claudina, Cova de la Raposa, El Rapolao, Palazuelas y Petra. Sus vinos de las Lomas de Valtuille... Él se refleja en sus vinos, que escriben su biografía, su manera de hacer y de ser. Entrelazan suelos y geografías con el vino como relator de ellos. Las viñas son los pliegues de su ser.

En 2016, Raúl fue elegido el mejor enólogo del mundo en Shanghai. Su prestigio es circular y se extiende por todo el planeta. Decir su nombre es abrir un cofre que sobrevive a todas las mudanzas del tiempo.


Le pido que abramos una botella y retrocede unos años: Ultreia de Valtuille del 2007. El paso del tiempo no se ha llevado la fruta fresca. Sabroso, complejo, fresco y con un leve rastro ahumado. Se queda. Su presencia es duradera. En esta copa respiran las risas, los amigos, la cocina de Maruja (su madre) la matriarca. Están también el olor a la tierra, a la hierba recién segada, a placeres anunciados, a los abrazos pendientes. Palabra de vino.




































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