martes, 25 de febrero de 2020

Marqués de Cáceres nació para hacer más competitivo el vino riojano



La hija del fundador y actual presidenta de la emblemática bodega de Cenicero resume las claves de su trayectoria en el 50 aniversario de la firma

Marqués de Cáceres, la bodega fundada en 1970 por Enrique Forner en Cenicero (Rioja Alta), celebra este año su 50 aniversario. Una trayectoria tan extensa merece un festejo por todo lo alto, y los correspondientes honores por parte del sector, considerando su liderazgo entre las marcas de Rioja con mayor presencia en los mercados de exportación (140 países y ventas estimadas en torno a 50 millones de euros). Pero la onomástica no debería llevar al engaño, porque aún cuando la compañía haya cumplido diez lustros y porte un ostentoso nombre nobiliario -al estilo de las bodegas vecinas, algunas más que centenarias-, Marqués de Cáceres no es un clásico de Rioja.

Más bien al contrario. Llegó a la ilustre D.O.Ca. para revolucionar un panorama que a finales de la década de los 60 todavía estaba anquilosado en vinos «atejados, sin mucha estructura, añejados en barricas viejas...». Así lo cuenta Cristina Forner (Saint-Aignan-sur-Cher, Francia, 1953), que desde 2007 preside la bodega que creó su padre. Mujer carismática y empresaria sagaz, sus rasgos tienen que ver con su trayectoria vital: nació en el valle del Loira, en el seno de una familia que vivió los sinsabores del exilio tras la Guerra Civil española antes de incorporarse al negocio vinícola en Francia, primero como négociants en Corbières (valle del Ródano) para luego adquirir dos châteaux en Burdeos: Château Camarsac y Château Larose Trintaudon. «Mi padre, sin embargo, siempre mantuvo negocios en España, y viajaba continuamente a Castellón y Benicassim».

¿Cuál es su recuerdo de los primeros pasos que dio para montar Marqués de Cáceres?

Yo era muy joven, estaba por iniciar mis estudios universitarios en Burdeos, pero recuerdo que él tenía mucha fe en el potencial vinícola de Rioja y ya en 1968 visitó la región con el famoso enólogo Émile Peynaud, con quien realizó unos primeros ensayos. Dos años después adquirió los terrenos donde construiría la bodega en Cenicero y empezó a negociar con los viticultores del lugar.

¿Cuál era la visión vinícola que Enrique Forner llevó a Rioja?

Su criterio y los métodos que introdujo causaron en la región un considerable revuelo, porque rompían con el modelo clásico de elaboración: apostaban por el viñedo viejo y la selección de racimos, exigían separar la uva blanca de la tinta, prolongaban las maceraciones e introducían la crianza en barricas nuevas de roble francés.

No habrá sido fácil convencer a los viticultores riojanos para que se sumaran a una revolución de tan claro cariz bordelés...

La influencia bordelesa era evidente, pero no se trataba de imitar el modelo de los grandes châteaux, sino de modernizar el vino riojano y hacerlo mejor y más competitivo. Hay que entender que entonces Rioja era más pobre que hoy y mi padre tuvo que ser muy convincente para que los viticultores cambiaran las reglas de juego, aceptando vendimiar en otras fechas e introducir nuevas técnicas. Muchos de los que apostaron por el cambio hoy también son accionistas de Marqués de Cáceres.

¿Y el Marqués de Cáceres también lo es?

Pues no. Es un aristócrata valenciano, amigo de uno de nuestros accionistas, que en principio nos cedió el nombre a cambio de royalties, pero a quien al final acabamos comprando la marca.

¿Cómo se sumó usted a la aventura?

En 1983, mi padre me propuso incorporarme a la empresa; yo vivía entonces en París y el traslado a Logroño supuso un auténtico shock. Pero a partir de 1984 me hice cargo de los mercados internacionales, que han sido nuestro fuerte porque hasta mediados de los 80 nos costó entrar en España. Hoy, el 50% de nuestras ventas son locales. En 2007, tras 14 años trabajando en exportación, mi padre se jubiló y yo asumí la presidencia. Hoy doy las gracias por esta oportunidad, también por haber superado las dificultades y por haber tenido el listón tan alto. Vamos a ver cómo lo hace la generación siguiente, que ya se está preparando.


Siendo Marqués de Cáceres un vino que tiene muy buena acogida, ¿por qué empezaron exportando? ¿Cómo se le ocurrió a su padre la idea de exportar vino en 1975?
La historia de la familia recoge una trayectoria  bodeguera que se inicia en España en 1925 en la provincia de Valencia, desde donde la familia exporta vinos a varios mercados europeos. Cuando mi padre, Enrique Forner emigró  a Francia  en 1938 a raíz de la guerra civil, siguió manteniendo su espíritu innovador adquiriendo una larga experiencia profesional en varias zonas vinícolas francesas. Se centró especialmente en Burdeos, con la propiedad del Château Larose Trintaudon y Château CamensacGrand Cru Classé.
A finales de los años 60, mi padre decidió regresar a su país natal, España, y fundar la Bodega Marqués de Cáceres en 1970 en el corazón de la Rioja Alta. Su idea era la de crear grandes vinos. En aquellos años Rioja, una de las Denominaciones de Origen más prestigiosa de España, solía elaborar vinos tintos muy marcados por el roble por sus largas estancias en barrica, así como unos vinos blancos y rosados al borde de la oxidación. En este contexto, mi padre creó un nuevo estilo de vinos inspirado por la escuela de vinificación bordelesa. El resultado fueron unos vinos con estructura, fruta golosa y taninos redondos en los tintos, y unos blancos y rosados jóvenes, vivos y frescos.
Conviene que recordar que el Marqués de Cáceres tinto Crianza sólo se lanzó al mercado a  finales de 1974, habiendo cumplido su crianza de 14 meses en barrica y otros 14 meses mínimo en botella. Con este estilo tan novedoso, Marqués de Cáceres no consiguió al principio una gran aceptación en España, lo que explica por qué nuestra bodega sobrevivió al exportar sus primeros vinos a algunos mercados europeos y a Estados Unidos. A partir de 1980, los vinos Marqués de Cáceres empezaron a introducirse en España una vez probada su gran aceptación en la exportación.
Hoy exportamos  a más de 120 países en el mundo, lo que representa el 50% del volumen total de nuestra producción y el 54% de la facturación de la empresa.
Perteneces a la cuarta generación de una familia dedicada al mundo del vino, ¿pensó en dedicarse en algún momento a otro sector?
Al acabar la carrera de la Escuela Superior de Comercio y Administración de Empresas en Burdeos, tuve una primera experiencia de 2 años en el marketing de nuestras propiedades de Burdeos. Después me trasladé a Paris para regentar un negocio inmobiliario durante casi 6 años. Fue una etapa de trabajo muy difícil a la vez que constructiva al tener que asumir retos en un sector muy competitivo.
Invitada por mi padre a finales del 1984, me incorpore para trabajar en la bodega, lo que significó un gran cambio al mudarme de París a una de las comunidades autónomas más pequeñas de España, La Rioja, tierra de gran tradición rural. Fue un acto de fe con un gran  cambio cultural y de vida,  pero a la vez pensé que la historia de mi familia bien merecía mi involucración.


En pocos años, la situación ha cambiado en España, existen cada vez más mujeres empresarias, someliers, enólogas, viticultoras, etc….Su sensibilidad y creatividad son un excelente complemento al espíritu masculino


Tomé entonces las riendas de la exportación, asumiendo la responsabilidad de  desarrollar  los mercados de exportación existentes y de iniciar nuevos mercados. Fueron casi 15 años viajando  más de la mitad del año. A medida que hemos ido ganando cuotas de mercado y reconocimiento de marca, he podido comprobar que mi decisión fue la acertada y que me ha ofrecido una magnífica oportunidad para proyectar nuestra cultura a nivel mundial.
¿De qué vino se siente especialmente orgullosa?
De nuestro vino Gaudium nacido de viñas viejas, 6 pequeñas parcelas que suman 11,7 hectáreas. Una de ellas, de 1,5 hectáreas, resistió la filoxera, tiene más de 120 años y arroja rendimientos bajísimos de 14-16 hectolitros por hectárea. Gaudium es la esencia de unas parcelas que desvelan la plena expresión de un terroir único.  Tiene volumen, es goloso, de taninos presentes y envolventes. Es un caballo ganador, con raza, tiene la clase de un gran vino de personalidad inconfundible.
¿Es difícil ser mujer en un entorno tan masculino como el vitivinícola?
El papel de la mujer en el mundo empresarial es tan difícil y competitivo como el del hombre. Creo que tiene que ver más con el contexto cultural y la educación recibida, que contribuyeron a que la mujer no haya ocupado numerosos puestos en el mundo vitivinícola.

En pocos años, la situación ha cambiado en España, existen cada vez más mujeres empresarias, someliers, enólogas, viticultoras, etc…. Su sensibilidad y creatividad son un excelente complemento al espíritu masculino que quizás tiene una visión más global y menos emocional. El vino de calidad es emoción y pasión para transmitir sus valores culturales.
Los nuevos consumidores de vino o las nuevas formas de consumir vino ya no se cierran a la mera compra o disfrute del producto durante una comida. Ahora los consumidores quieren visitar las bodegas, realizar rutas de vino, catas, en definitiva, enoturismo. ¿Cómo se ha adaptado Marqués de Cáceres a este escenario?
El mundo del vino ya no se percibe solo por la cata de sus vinos, sino que sus valores se van consolidando con el enoturismo, una actividad que iniciamos en nuestra bodega desde hace 3 años y que ofrece una experiencia didáctica en torno a los grandes vinos.
Así mismo,  hemos incorporado en nuestras instalaciones diferentes salas habilitadas para vivir momentos especiales. Son espacios relajantes, como la espectacular nave de barricas “Vinos únicos”, nuestras salas de cata o el “Salón Cristal”, abierto por transparencias sobre una vinoteca impresionante que aglutina unas 13.000 botellas de añadas antiguas. También disponemos en los exteriores de un espacio para celebrar el buen tiempo de manera informal, con vinos jóvenes que se sirven en nuestro “Jardin Satinela”.
En definitiva, hemos logrado una decoración sobria y elegante a la vez que moderna para dar vida a las diferentes facetas del mundo del vino. En Marqués de Cáceres interpretamos el vino con su tradición y su historia para proyectarlas en su futuro, dando rienda suelta a la versatilidad de los grandes vinos, todo ello con el fin de aproximar su valor cultural a todo consumidor deseoso de adquirir mayores conocimientos.
¿Cree que se ha desterrado el mito de que el vino de Rioja es solo tinto?
A medida que el vino de Rioja ganó cuota de mercado en el exterior -sobre todo a partir de mediados de los años 1980-, la Denominación Rioja tuvo mayor interés en explorar la oportunidad de ampliar su reconocimiento y prestigio internacional de sus tradicionales gamas de vinos tintos de crianza, reserva y grandes reservas, con vinos blancos y rosados jóvenes o criados en barrica. Una apuesta que tiene su origen en variedades muy singulares como la viura, malvasía o garnacha blanca para los blancos y el tempranillo y garnacha tinta para los rosados.
Está de moda lo ecológico y parece que esta tendencia ha llegado también al sector vitivinícola. Ustedes tienen un vino joven bio, ¿cree que tendrá un impacto importante en el sector?
El vino bio consigue cada vez más adeptos: gente muy involucrada en el cultivo ecológico que preserva el medio ambiente y evita toda contaminación. Muchos “vinófilos” piensan que es una forma saludable de disfrutar del vino.
No todos los mercados son iguales. En China cuesta más introducir vinos españoles, ¿por qué resultan tan complicado?
El mercado chino es un mercado donde los grandes vinos franceses recogieron un  reconocimiento y un posicionamiento de precios altos. Esta no es la situación de los vinos españoles, que se exportaron mayoritariamente a precios económicos. Pero Marqués de Cáceres tiene un posicionamiento medio-alto, similar al de los franceses. Esto requiere un gran esfuerzo de formación con catas y presentaciones con el fin de asentar los pilares de un desarrollo gradual.
Después de la compra de hectáreas de viñedo y la construcción de una bodega cerca de Tordesillas, ¿tienen algún plan de expansión más a corto o medio plazo?
Seguimos estudiando todo proyecto de expansión que sea complementario o que aporte una diversificación que pueda consolidar nuestro negocio actual. Nos gusta acometer  proyectos que podamos tutelar y compartir, enriqueciendo nuestra profesionalidad con nuevas orientaciones de futuro.
¿Qué opina sobre la polémica generada por ciertas bodegas alavesas que quieren abandonar la Denominación de Origen Calificada Rioja?

La D.O. Ca. Rioja está haciendo muchas cosas muy bien y otras que se pueden mejorar. Las incertidumbres y constantes cambios que hay a nuestro alrededor nos obligan a seguir evolucionando sin destrozar lo que nos ha costado tanto construir. Tenemos que ir unidos ya que todos hemos disfrutado del prestigio histórico de Rioja. ¿Por qué tendríamos que decir ahora que aquello que nos dio las bases del éxito de nuestros negocios ya no es válido hoy?  Al final, el riguroso control de la D.O. Ca. Rioja vela por la garantía del origen, de la calidad y de los grados de envejecimiento de los vinos.













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