Bodegas Riojanas. Natalia Olarte

Natalia Olarte: «Los viticultores entienden la tecnología 4.0 como poder»




Natalia Olarte: «Los viticultores entienden la tecnología 4.0 como poder»
NATALIA OLARTE, DIRECTORA DE INNOVACIÓN DE BODEGAS RIOJANAS


A los nuevos tiempos de incertidumbre por los nuevos aranceles y los cambios políticos que se avecinan en territorio internacional, esta bodega de Cenicero va «capeando» los devenires pero sin desligarse del pilar fundamental que la sostiene: la innovación desde el terruño a la copa. Y de ello es bien conocedora la directora de Innovación de la bodega, Natalia Olarte, quien no deja de apostar por nuevos proyectos que vayan en consonancia con las nuevas tendencias.Más allá del ecosistema vitivinícola que concierne a una bodega, su éxito puede venir de la confluencia de otros muchos factores indispensables para alcanzar el desarrollo pleno y un avance constante generación tras generación. Un perfecto esquema que se asemeja al perfil de Bodegas Riojanas y a sus casi 129 años de historia, que comenzaron en los bajos de una casa familiar pero que se ha convertido en un majestuoso edificio con castillo incluido donde la arquitectura catalana se funde con la riojana, y viceversa, para reflejar los orígenes de las familia Frías y Artacho, aliadas en esta aventura.

Natalia Olarte | Foto: Amaya Garrido
– ¿De qué manera se plasma la innovación en esta bodega centenaria, desde sus inicios hasta ahora?
– Las bodegas hemos sido siempre muy artesanales pero el proceso no está reñido con la evolución de la tecnología. Antes las prioridades solían estar más vinculadas a la conservación de los vinos, el uso de madera y el envejecimiento en roble para buscar la identidad de cada madera y su aroma, así como las técnicas constructivas en materia de construcción sostenible para también optimizar los tiempos (aprovechar la gravedad para mover los vinos y la climatología para mantener la temperatura constante en toda la bodega).
Mientras, ahora nos centramos más en las herramientas digitales de la industria 4.0, como Lean Manufacturing, blockchain, 5S o proyect management que permiten conocer el vino que va a salir al mercado y sus requisitos. Aunque también innovamos en sumillería, proyectos de responsabilidad corporativa sobre una vida sana, procesos de delivery, de seguridad alimentaria, marketing y enoturismo para encontrar el perfil del enoturista que viene a Cenicero.

Foto: Amaya Garrido
– ¿Y cómo se aplica esa industria 4.0 en la viticultura desde el terreno, desde la materia prima?
– Estoy haciendo mucho hincapié en los suelos, en su degradación y erosión, porque no creo que haya suelos mejores y peores, sino que hay que entender qué ocurre en ellos. Por eso nos hemos centrado en saber, no solo la composición química y física, sino también la parte de microbiótica, lo que es metagenónica, saber qué ecosistema hay en el suelo, qué microorganismos tiene y cómo intereactúan para conseguir un mejor desarrollo vegetativo, un menor consumo de agua y una aplicación de micronutrientes adecuada a la dimensión de la parcela.
En febrero, por ejemplo, vamos a celebrar una jornada formativa sobre la poda sostenible y en abril, sobre cómo aplicar la tecnología 4.0 a los tratamientos fitosanitarios para ser más eficientes. Además, facilitamos apps gratuitas al agricultor donde puede geolocalizar su parcela y determinar la pluviometría y temperatura, una información que compartimos con otras bodegas de La Rioja para saber qué ocurre en cada estación. Es sorprendente la buena recepción y capacidad de adaptación a estas tecnologías que tienen los agricultores más veteranos, porque realmente entienden esta información como poder.

Natalia Olarte | Foto: Amaya Garrido
– Pero esta apuesta por el desarrollo va más allá de la mera elaboración técnica del vino. 
– Así es, porque buscamos también favorecer el entorno donde se encuentra la compañía y a sus agentes primarios. Desde 2018 contamos con la Escuela de Viticultores, un proyecto de innovación social que carece de retorno económico para la bodega y centrada en los agricultores y la uva, las materias primas y pilares del Rioja. Con esta escuela colaboramos con otras empresas del sector dando formación e información sobre innovaciones que se generan en el sector desde viticultura sostenible a las nuevas legislaciones en materia de fitosanitarios. Un feedback entre expertos de todas las ramas de la viticultura. Además, no hemos querido dejar de lado a las mujeres innovadoras en el mundo del vino, porque hay muchas que no están referenciadas y están haciendo grandes cosas, por eso vamos a ponerlas en valor.
– Una situación que como mujer y directora de Innovación te toca de cerca. ¿Es más lo que se dice o realmente cuesta encontrar presencia femenina en el sector vitivinícola?
– El camino no es fácil, pero no lo es ni para una mujer ni para un hombre porque lo que cuenta aquí son las aptitudes. Por eso, aunque sea un mundo al que cuesta acceder, si demuestras profesionalidad las puertas se abren. Y a mí me las abrieron en Bodegas Riojanas hace dos años para potenciarme y dejarme innovar en todos sus sentidos, desde el campo hasta el cliente, pero centrando mi trabajo, sobre todo, en la viticultura y el trabajo con los agricultores. Yo creo en esas oportunidades que te permiten trabajar, expresarte y contar lo que quieres hacer con la confianza de que te escuchan.

Natalia Olarte | Foto: Amaya Garrido
– ¿Cómo se percibe esta pasión por el sector vitivinícola y el consumo de vino desde las mentes más jóvenes?
– El vino y todo lo que lo rodea transmite un gran romanticismo que creo es muy atractivo para el público joven. Pero todos se pueden acercar a él porque no hace falta grandes conocimientos al respecto. Debemos ser consideradas como una herramienta indispensable de cara al futuro porque bodegas como la nuestra se asientan en un pequeño municipio favoreciendo la economía circular, la creación de startups alrededor del mundo del vino, así como la fijación de población.
En este sentido, los jóvenes tiene un papel indispensable por ser el relevo generacional en el campo y en bodega, por lo que hay que darles un buen papel. En cuestiones de consumo, lo que ocurre es que cada vez la gente se inicia más tarde, pero una vez que comienzan no lo dejan. Sigue siendo un reto para las bodegas el incrementar el consumo entre la juventud, siempre desde la responsabilidad, y para ello trabajamos ya con actividades más enfocadas a sus perfiles como festivales de música, teatros, catas personalizadas o actividades deportivas.

Natalia Olarte | Foto: Amaya Garrido
– ¿Qué se encuentra el enoturista que se acerca a Bodegas Riojanas en busca de diferenciación?
– Aunque Cenicero no sea un punto neurálgico de enoturismo como puede ser la Ciudad de Haro, sí es la segunda jurisdicción más grande de viñedo de La Rioja por detrás de Alfaro y uno de los pioneros en vino. Y esto se refleja también en quienes nos visitan. Ofrecemos un turismo experiencial y personalizado que va más allá de las meras catas o visita a bodegas para acercarnos a las demandas de todos los enoturistas posibles, ya que hay algunos más especializados que vienen con unas ideas ya concretas. Paseos a caballo por los viñedos, visitas a tonelerías Gangutia, eventos particulares y enoturismo de congresos, o una inmersión en los sonidos del vino a través de un área de sensaciones.


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