martes, 25 de febrero de 2020

Luis Oliván, un apasionado de la garnacha aragonesa



Luis Oliván, con los tres vinos que elabora

Desde principios de los años noventa, el oscense Luis Oliván, con antepasados agricultores y viticultores, trabaja en el mundo del vino, principalmente en el ámbito de la comercialización. 

Tras permanecer 12 años en Bodega Pirineos, en Somontano, pasó cinco años en Dominio de Tares (Bierzo) y otro lustro en la Bodega Las Moradas de San Martín (Madrid).

Su gran afición por las variedades autóctonas y, especialmente, por la garnacha, le han llevado a emprender su propio proyecto, Luis Oliván Vinos y Viñedos, con el que elabora tres vinos hasta el momento, que ha presentado recientemente en Zaragoza. Su gran conocimiento del sector, tanto desde el punto de vista comercial como de la distribución, son un punto importante para la penetración de sus vinos en los canales de Horeca y de las tiendas especializadas.

Son un blanco monovarietal de uva malvar a partir de una viña en los montes de San Martín de Valeiglesias, y dos garnachas: una en Bespén, acogida a la D. O. Somontano, y otra en Ainzón, en la D. O. Campo de Borja. Son vinos especiales y muy personales, especialmente las garnachas, con notas muy expresivas de su terruño y con unas tiradas muy cortas. 

Pronto saldrá un clarete de Bespén, también de garnacha.

"Después de un periplo de más 25 años trabajando y disfrutando de lugares y aprendiendo de buenos compañeros, mucha curiosidad y formación, comienza esta aventura llamada Luis Oliván Vinos y Viñedos, compartiendo esfuerzos e ilusiones con viticultores y bodegueros honestos que nos proporcionarán su uva, sus viñedos, o en otros casos, espacios para elaborar el vino. Intentaremos ser diferentes por una razón casi de supervivencia o porque en el fondo somos así y pisando todo lo posible la tierra que nos dará su energía", señala.

El Luis Oliván Blanco está elaborado con uva malvar en San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Su elaboración es muy artesanal. Hace la fermentación espontánea con levaduras salvajes en pequeños depósitos de acero inoxidable y después reposo seis meses en toneles usados de 600 litros. Fue embotellado sin clarificar ni filtrar. Tiene un grado alcohólico del 13% y cuesta 13 euros.

Luis Oliván Las Pilas es un varietal de garnacha elaborado en Bespén y adscrito a la D. O. Somontano. Tiene un grado alcohólico de 14%. Hizo fermentación espontánea con levaduras salvajes en depósitos de acero inoxidable. Fue descubado pronto para limitar la extracción de taninos y reposó seis meses en toneles usados de 600 litros. Tiene un color rojo rubí con capa media, aromas a frutas rojas y monte bajo, final largo y fresco. Precio: 13 euros.

Luis Oliván Garnacha. Varietal de garnacha elaborado en Ainzón (D. O. Campo de Borja). Las uvas fueron estrujadas y el mosto fermentado en depósitos de cemento. Tras una crianza en estos mismos recipientes, tuvo un paso por barricas de roble usadas. Es un vino bien cubierto de capa y con aromas a frutas rojas, violetas y un fondo mineral. En boca es sabroso, con un final largo enriquecido por su excelente frescura. Alcohol: 14,7%. Cuesta 13 euros.







Marqués de Cáceres nació para hacer más competitivo el vino riojano



La hija del fundador y actual presidenta de la emblemática bodega de Cenicero resume las claves de su trayectoria en el 50 aniversario de la firma

Marqués de Cáceres, la bodega fundada en 1970 por Enrique Forner en Cenicero (Rioja Alta), celebra este año su 50 aniversario. Una trayectoria tan extensa merece un festejo por todo lo alto, y los correspondientes honores por parte del sector, considerando su liderazgo entre las marcas de Rioja con mayor presencia en los mercados de exportación (140 países y ventas estimadas en torno a 50 millones de euros). Pero la onomástica no debería llevar al engaño, porque aún cuando la compañía haya cumplido diez lustros y porte un ostentoso nombre nobiliario -al estilo de las bodegas vecinas, algunas más que centenarias-, Marqués de Cáceres no es un clásico de Rioja.

Más bien al contrario. Llegó a la ilustre D.O.Ca. para revolucionar un panorama que a finales de la década de los 60 todavía estaba anquilosado en vinos «atejados, sin mucha estructura, añejados en barricas viejas...». Así lo cuenta Cristina Forner (Saint-Aignan-sur-Cher, Francia, 1953), que desde 2007 preside la bodega que creó su padre. Mujer carismática y empresaria sagaz, sus rasgos tienen que ver con su trayectoria vital: nació en el valle del Loira, en el seno de una familia que vivió los sinsabores del exilio tras la Guerra Civil española antes de incorporarse al negocio vinícola en Francia, primero como négociants en Corbières (valle del Ródano) para luego adquirir dos châteaux en Burdeos: Château Camarsac y Château Larose Trintaudon. «Mi padre, sin embargo, siempre mantuvo negocios en España, y viajaba continuamente a Castellón y Benicassim».

¿Cuál es su recuerdo de los primeros pasos que dio para montar Marqués de Cáceres?

Yo era muy joven, estaba por iniciar mis estudios universitarios en Burdeos, pero recuerdo que él tenía mucha fe en el potencial vinícola de Rioja y ya en 1968 visitó la región con el famoso enólogo Émile Peynaud, con quien realizó unos primeros ensayos. Dos años después adquirió los terrenos donde construiría la bodega en Cenicero y empezó a negociar con los viticultores del lugar.

¿Cuál era la visión vinícola que Enrique Forner llevó a Rioja?

Su criterio y los métodos que introdujo causaron en la región un considerable revuelo, porque rompían con el modelo clásico de elaboración: apostaban por el viñedo viejo y la selección de racimos, exigían separar la uva blanca de la tinta, prolongaban las maceraciones e introducían la crianza en barricas nuevas de roble francés.

No habrá sido fácil convencer a los viticultores riojanos para que se sumaran a una revolución de tan claro cariz bordelés...

La influencia bordelesa era evidente, pero no se trataba de imitar el modelo de los grandes châteaux, sino de modernizar el vino riojano y hacerlo mejor y más competitivo. Hay que entender que entonces Rioja era más pobre que hoy y mi padre tuvo que ser muy convincente para que los viticultores cambiaran las reglas de juego, aceptando vendimiar en otras fechas e introducir nuevas técnicas. Muchos de los que apostaron por el cambio hoy también son accionistas de Marqués de Cáceres.

¿Y el Marqués de Cáceres también lo es?

Pues no. Es un aristócrata valenciano, amigo de uno de nuestros accionistas, que en principio nos cedió el nombre a cambio de royalties, pero a quien al final acabamos comprando la marca.

¿Cómo se sumó usted a la aventura?

En 1983, mi padre me propuso incorporarme a la empresa; yo vivía entonces en París y el traslado a Logroño supuso un auténtico shock. Pero a partir de 1984 me hice cargo de los mercados internacionales, que han sido nuestro fuerte porque hasta mediados de los 80 nos costó entrar en España. Hoy, el 50% de nuestras ventas son locales. En 2007, tras 14 años trabajando en exportación, mi padre se jubiló y yo asumí la presidencia. Hoy doy las gracias por esta oportunidad, también por haber superado las dificultades y por haber tenido el listón tan alto. Vamos a ver cómo lo hace la generación siguiente, que ya se está preparando.


Siendo Marqués de Cáceres un vino que tiene muy buena acogida, ¿por qué empezaron exportando? ¿Cómo se le ocurrió a su padre la idea de exportar vino en 1975?
La historia de la familia recoge una trayectoria  bodeguera que se inicia en España en 1925 en la provincia de Valencia, desde donde la familia exporta vinos a varios mercados europeos. Cuando mi padre, Enrique Forner emigró  a Francia  en 1938 a raíz de la guerra civil, siguió manteniendo su espíritu innovador adquiriendo una larga experiencia profesional en varias zonas vinícolas francesas. Se centró especialmente en Burdeos, con la propiedad del Château Larose Trintaudon y Château CamensacGrand Cru Classé.
A finales de los años 60, mi padre decidió regresar a su país natal, España, y fundar la Bodega Marqués de Cáceres en 1970 en el corazón de la Rioja Alta. Su idea era la de crear grandes vinos. En aquellos años Rioja, una de las Denominaciones de Origen más prestigiosa de España, solía elaborar vinos tintos muy marcados por el roble por sus largas estancias en barrica, así como unos vinos blancos y rosados al borde de la oxidación. En este contexto, mi padre creó un nuevo estilo de vinos inspirado por la escuela de vinificación bordelesa. El resultado fueron unos vinos con estructura, fruta golosa y taninos redondos en los tintos, y unos blancos y rosados jóvenes, vivos y frescos.
Conviene que recordar que el Marqués de Cáceres tinto Crianza sólo se lanzó al mercado a  finales de 1974, habiendo cumplido su crianza de 14 meses en barrica y otros 14 meses mínimo en botella. Con este estilo tan novedoso, Marqués de Cáceres no consiguió al principio una gran aceptación en España, lo que explica por qué nuestra bodega sobrevivió al exportar sus primeros vinos a algunos mercados europeos y a Estados Unidos. A partir de 1980, los vinos Marqués de Cáceres empezaron a introducirse en España una vez probada su gran aceptación en la exportación.
Hoy exportamos  a más de 120 países en el mundo, lo que representa el 50% del volumen total de nuestra producción y el 54% de la facturación de la empresa.
Perteneces a la cuarta generación de una familia dedicada al mundo del vino, ¿pensó en dedicarse en algún momento a otro sector?
Al acabar la carrera de la Escuela Superior de Comercio y Administración de Empresas en Burdeos, tuve una primera experiencia de 2 años en el marketing de nuestras propiedades de Burdeos. Después me trasladé a Paris para regentar un negocio inmobiliario durante casi 6 años. Fue una etapa de trabajo muy difícil a la vez que constructiva al tener que asumir retos en un sector muy competitivo.
Invitada por mi padre a finales del 1984, me incorpore para trabajar en la bodega, lo que significó un gran cambio al mudarme de París a una de las comunidades autónomas más pequeñas de España, La Rioja, tierra de gran tradición rural. Fue un acto de fe con un gran  cambio cultural y de vida,  pero a la vez pensé que la historia de mi familia bien merecía mi involucración.


En pocos años, la situación ha cambiado en España, existen cada vez más mujeres empresarias, someliers, enólogas, viticultoras, etc….Su sensibilidad y creatividad son un excelente complemento al espíritu masculino


Tomé entonces las riendas de la exportación, asumiendo la responsabilidad de  desarrollar  los mercados de exportación existentes y de iniciar nuevos mercados. Fueron casi 15 años viajando  más de la mitad del año. A medida que hemos ido ganando cuotas de mercado y reconocimiento de marca, he podido comprobar que mi decisión fue la acertada y que me ha ofrecido una magnífica oportunidad para proyectar nuestra cultura a nivel mundial.
¿De qué vino se siente especialmente orgullosa?
De nuestro vino Gaudium nacido de viñas viejas, 6 pequeñas parcelas que suman 11,7 hectáreas. Una de ellas, de 1,5 hectáreas, resistió la filoxera, tiene más de 120 años y arroja rendimientos bajísimos de 14-16 hectolitros por hectárea. Gaudium es la esencia de unas parcelas que desvelan la plena expresión de un terroir único.  Tiene volumen, es goloso, de taninos presentes y envolventes. Es un caballo ganador, con raza, tiene la clase de un gran vino de personalidad inconfundible.
¿Es difícil ser mujer en un entorno tan masculino como el vitivinícola?
El papel de la mujer en el mundo empresarial es tan difícil y competitivo como el del hombre. Creo que tiene que ver más con el contexto cultural y la educación recibida, que contribuyeron a que la mujer no haya ocupado numerosos puestos en el mundo vitivinícola.

En pocos años, la situación ha cambiado en España, existen cada vez más mujeres empresarias, someliers, enólogas, viticultoras, etc…. Su sensibilidad y creatividad son un excelente complemento al espíritu masculino que quizás tiene una visión más global y menos emocional. El vino de calidad es emoción y pasión para transmitir sus valores culturales.
Los nuevos consumidores de vino o las nuevas formas de consumir vino ya no se cierran a la mera compra o disfrute del producto durante una comida. Ahora los consumidores quieren visitar las bodegas, realizar rutas de vino, catas, en definitiva, enoturismo. ¿Cómo se ha adaptado Marqués de Cáceres a este escenario?
El mundo del vino ya no se percibe solo por la cata de sus vinos, sino que sus valores se van consolidando con el enoturismo, una actividad que iniciamos en nuestra bodega desde hace 3 años y que ofrece una experiencia didáctica en torno a los grandes vinos.
Así mismo,  hemos incorporado en nuestras instalaciones diferentes salas habilitadas para vivir momentos especiales. Son espacios relajantes, como la espectacular nave de barricas “Vinos únicos”, nuestras salas de cata o el “Salón Cristal”, abierto por transparencias sobre una vinoteca impresionante que aglutina unas 13.000 botellas de añadas antiguas. También disponemos en los exteriores de un espacio para celebrar el buen tiempo de manera informal, con vinos jóvenes que se sirven en nuestro “Jardin Satinela”.
En definitiva, hemos logrado una decoración sobria y elegante a la vez que moderna para dar vida a las diferentes facetas del mundo del vino. En Marqués de Cáceres interpretamos el vino con su tradición y su historia para proyectarlas en su futuro, dando rienda suelta a la versatilidad de los grandes vinos, todo ello con el fin de aproximar su valor cultural a todo consumidor deseoso de adquirir mayores conocimientos.
¿Cree que se ha desterrado el mito de que el vino de Rioja es solo tinto?
A medida que el vino de Rioja ganó cuota de mercado en el exterior -sobre todo a partir de mediados de los años 1980-, la Denominación Rioja tuvo mayor interés en explorar la oportunidad de ampliar su reconocimiento y prestigio internacional de sus tradicionales gamas de vinos tintos de crianza, reserva y grandes reservas, con vinos blancos y rosados jóvenes o criados en barrica. Una apuesta que tiene su origen en variedades muy singulares como la viura, malvasía o garnacha blanca para los blancos y el tempranillo y garnacha tinta para los rosados.
Está de moda lo ecológico y parece que esta tendencia ha llegado también al sector vitivinícola. Ustedes tienen un vino joven bio, ¿cree que tendrá un impacto importante en el sector?
El vino bio consigue cada vez más adeptos: gente muy involucrada en el cultivo ecológico que preserva el medio ambiente y evita toda contaminación. Muchos “vinófilos” piensan que es una forma saludable de disfrutar del vino.
No todos los mercados son iguales. En China cuesta más introducir vinos españoles, ¿por qué resultan tan complicado?
El mercado chino es un mercado donde los grandes vinos franceses recogieron un  reconocimiento y un posicionamiento de precios altos. Esta no es la situación de los vinos españoles, que se exportaron mayoritariamente a precios económicos. Pero Marqués de Cáceres tiene un posicionamiento medio-alto, similar al de los franceses. Esto requiere un gran esfuerzo de formación con catas y presentaciones con el fin de asentar los pilares de un desarrollo gradual.
Después de la compra de hectáreas de viñedo y la construcción de una bodega cerca de Tordesillas, ¿tienen algún plan de expansión más a corto o medio plazo?
Seguimos estudiando todo proyecto de expansión que sea complementario o que aporte una diversificación que pueda consolidar nuestro negocio actual. Nos gusta acometer  proyectos que podamos tutelar y compartir, enriqueciendo nuestra profesionalidad con nuevas orientaciones de futuro.
¿Qué opina sobre la polémica generada por ciertas bodegas alavesas que quieren abandonar la Denominación de Origen Calificada Rioja?

La D.O. Ca. Rioja está haciendo muchas cosas muy bien y otras que se pueden mejorar. Las incertidumbres y constantes cambios que hay a nuestro alrededor nos obligan a seguir evolucionando sin destrozar lo que nos ha costado tanto construir. Tenemos que ir unidos ya que todos hemos disfrutado del prestigio histórico de Rioja. ¿Por qué tendríamos que decir ahora que aquello que nos dio las bases del éxito de nuestros negocios ya no es válido hoy?  Al final, el riguroso control de la D.O. Ca. Rioja vela por la garantía del origen, de la calidad y de los grados de envejecimiento de los vinos.













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domingo, 23 de febrero de 2020

Javier Arizcuren: «A Rioja Oriental le falta una identidad vinculada a su historia»



A las faldas de la Sierra de Yerga, viñas de mazuelo y garnacha se imponen a la dictadura del tempranillo en el término de Quel, de donde es natural Javier Arizcuren

Agricultor, bodeguero, y también arquitecto, desde 2009 cultiva sus viñas centenarias y elabora sus vinos en una peculiar bodega en el centro de Logroño. Aunque Rioja Oriental ha sido una histórica proveedora de uvas para las bodegas de Rioja Alta, siempre ha ido a la retaguardia en cuestiones de comercialización. Su personalidad, además, también tiene un problema.

Así lo apunta Arizcuren: «A día de hoy Rioja Oriental tiene un poco menos de identidad porque nos hemos olvidado de esa historia vinculada a unas variedades tradicionales, como son la garnacha y el mazuelo. El tempranillo, en cambio, no es identitario de esta zona y para recuperar ese prestigio de Rioja Oriental hay que tener una identidad reconocible y reconocida, algo que la defina y se perciba como valiosa». 

Una identidad, añade, que se recibe con interés en los mercados internacionales por ser variedades que funcionan muy bien en zonas concretas y producen buenos vinos.


Apostar por mantener unos viñedos centenarios no fue una decisión banal. «Dan mejor calidad, no por ser más viejas, sino porque producen menos, y yo buscaba vinos así, con mayor concentración de aromas y que representen mejor la zona, porque el tempranillo es de hace 40 años», afirma. Sin embargo, esta variedad escapa de las manos de pocos y este año Arizcuren también se ha animado a utilizarlo en sus vinos, aunque «eso sí, mezclándolo con garnacha y mazuelo para regular esa falta de acidez, porque es la única forma interesante de trabajar con tempranillo en Rioja Oriental».

Este nombre, que desde 2018 ha destronado a ‘Rioja Baja’ también debe implicar «mucho más». El arquitecto asegura que con la nueva denominación se puede ayudar a corregir esa vinculación de ‘low Rioja’ con ‘low quality’ que existía en los mercados extranjeros. Pero incide: «El cambio de nombre no puede quedarse solo en eso. Si lo cambias es porque quieres contar una historia diferente, una donde se nos reconozca, y para eso vamos a empezar por cambiar el modelo productivo, plantando más garnachas en altura y menos en el valle del Ebro».


Comenzó su proyecto en el garaje de sus padres en Quel para luego trasladarse a la bodega urbana de Logroño junto a su despacho de arquitectos. Puerta con puerta. Para no perderse detalle de nada pero también para devolverle a la ciudad una actividad propia que tuvo durante siglos y que ahora parece estar auspiciada por la Asociación de Bodegas de Logroño. Un salto que, considera, «asusta» a los viticultores riojanos que piensan que no se puede sobrepasar la línea de la elaboración donde operan las grandes bodegas, pero que es «muy valorado por los mercados nicho extranjeros».
Y así lo refleja su presencia en las prestigiosas revistas vitivinícolas a nivel mundial. El maestro del vino Tim Atkin destacaba en su ‘Special Report 2020’ cuatro vinos Arizcuren con 93 y 94 puntos, mientras que la revista ‘Decanter’ elogiaba su exitosa labor. «Un honor y una publicidad gratuita que no hace más que beneficiar a nuestra marca y al nombre de Rioja Oriental, pero que procede únicamente del interés que ponen estos periodistas internacionales en dar a conocer pequeños proyectos con una clara identidad. Es decir, generas interés por tu trabajo, no por la inversión en promoción», explica.


De las 19 has. de viña que trabaja, sólo comercializa unas 12.500 botellas. Busca llegar a la cifra de 25.000, pero `sin restarle tiempo al trabajo de campo´, el cual asegura, representa el 95% . `Porque si trabajas bien la tierra y la viña, poca mano tienes que meter en bodega´, valora. carente de innovadoras tecnologías · sólo las tinajas de barro se pueden considerar innovación · Arizcuren trabaja en ecológico, aunque sin certificación, tanto en tierra como en bodega, con una mínima intervención `para conseguir la expresión más pura de lo que viene del campo´.







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viernes, 21 de febrero de 2020

Perú exportaba pisco ...

Perú exportaba pisco antes que naciera el aguardiente en Chile: Evidencia documentada
Investigación del embajador Gonzalo Gutierrez y miembro de la Academia Peruana del Pisco detallan episodios de la comercialización en Perú y hacia otros países. Además, del posible origen de las tres botijas halladas en Chile.



El Pisco es peruano, y en ello no hay discusión, pero una nueva evidencia documentada e histórica - investigada por el embajador Gonzalo Gutierrez y miembro de la Academia Peruana del Pisco- lo reafirma y desbarata la tesis de Chile, en el que se argumenta que el registro más antiguo lo tienen ellos desde el año 1733, y en Perú en 1822, lo que no es así.
Cabe indicar que, Gonzalo Gutierrez investigó el origen del nombre Pisco en Chile y la estrategia engañosa del expresidente de Chile, Gabriel Gonzales Videla, para arrebatar el nombre de pisco.

Como una reafirmación de la posición del vecino país del sur, esta semana se conoció el registro de marca Pisco 1733 de la Viña Santa Rita de Chile en Reino Unido.
Sin embargo, antes de dicho año ya se comercializaba en el Perú el Pisco, evidencia encontrada en el Archivo General de Indias en Sevilla, España.

“Magnífico repositorio de la documentación vinculada a la presencia de España en las colonias americanas. Allí es posible ubicar 80 millones de páginas y 8,000 mapas y gráficos que ilustran sobre el papel de la administración española en América”, sostiene Gonzalo Gutierrez, en el documento, el Pisco, la primera referencia a su nombre.

La evidencia encontrada demuestra que el nombre Pisco para el destilado de uva se usó en Perú antes de 1733, en texto que se relatan como transacciones comerciales registradas en 1726 y 1729.

Los escritos están por un litigio comercial sostenido en la Real Audiencia de Lima por un comerciante llamado Pedro de Maurtua, contra el administrador de la hacienda Cóndor, Gabriel Armat, ocurrido en el año 1726.

En el documento se reclama - hallado por Gonzalo Gutierrez- se detalla que comercializaba no solo en Perú, sino para los envíos a Guayaquil.





“En primer lugar, que para 1726 -siete años antes de la lista que en Chile menciona un ralo trio de botijas provenientes del Perú- la utilización de la denominación “Aguardiente de Pisco” y “Botijas de Aguardiente de Pisco” era muy común en el Perú, tanto en la vida comercial como en la judicial”, sostiene el embajador.

“Adicionalmente, estos textos de un expediente oficial de la Real Audiencia de Lima nos prueban que desde Pisco se exportaba consistentemente y en buena cantidad su “Aguardiente del Pisco” a lugares más allá del Perú, como lo afirma claramente la declaración de don Bernabé Felipe de Aragón, quien en 1726 compró a Juan de Sotomayor más de 150 botijas de Aguardiente de Pisco de buena calidad para “venderlas a la ciudad de Guayaquil y Reino de Tierra Firme”, es decir América Central”, afirma.

De esta manera, queda en evidencia, no solo histórica que el pisco se usa en el Perú desde la época colonial.





Además, que “las tres botijas” a las que hace referencia Chile tendrían - como sostiene Gutierrez - su origen en la haciendo Cóndor de Pisco, que se había adjudicado Francisco Cortés de Monroy, Comisario Mayor del Tribunal de la Inquisición, y quien era primo de Pedro Cortés Monroy y Mendoza, dueño del fundo La Torre de Chile, donde ubicaron las tres botijas, sin otro sustento adicional.

















viernes, 14 de febrero de 2020

Vinos ecológicos en el ESHBI




La Escuela Superior de Hostelería de Bilbao ha acogido una cata de los vinos mejor clasificados en la décima edición de los Premios Ecovino.

Una cita en la que no han faltado antiguos alumnos del Curso Especialista Sumiller, profesionales y medios de comunicación especializados.

De los cerca de trescientos vinos ecológicos certificados que se presentaron a concurso en los Premios Ecovino 2019, se han catado los siguientes once, galardonados con medallas de Oro, Gran oro o Plata:

·                  Terra Terrae Brut Reserva 2017. Covides. DO Cava. Oro
·                  Brut 21 · 2016. Albet i Noya. DO Clàssic Penedès. Oro
·                  Dardell Blanco Eco 2018. Celler Coma d`en Bonet. DO Terra Alta. Oro
·                  Vega Vella Selección Blanco 2018. Bodegas Cornelio Dinastía. DOCa. Rioja. Gran Oro
·                  Venta d`Aubert Blanco 2017. Bodegas Venta d`Aubert. Sin DO. Oro
·                  59 Quilates Rosado 2018. Unión Campesina Iniestense. Sin DO. Oro
·                  Carravalseca Maceración Carbónica 2018. Bodegas Casa Primicia. DOCa. Rioja. Oro
·                  Initium 2018. Bodegas Qvaderna Via. DO Navarra. Oro
·                  Solar de Líbano Crianza 2015. Bodegas Castillo de Sajazarra. DOCa Rioja. Premio `Rivercap´ al mejor EcoDiseño. Plata
·                  Autor 2016. Bodegas Castillo de Mendoza. DOCa Rioja. Gran Oro
·                  Ojuel Supurao 2017. Bodegas Ojuel. DOCa Rioja. Oro

Esta cata ha estado dirigida por Antonio Palacios, presidente del jurado de los Premios Ecovino 2019 y por Iñigo Crespo, secretario general del concurso y presidente de Cultura Permanente, asociación permacultural que organiza esta iniciativa de promoción agroecológica y enológica desde su inicio en el año 2009.

Cada año, la Escuela Superior de Hostelería de Bilbao organiza catas, presentaciones y actividades de diversa índole para los antiguos alumnos del CES.



























































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