miércoles, 20 de diciembre de 2017

Zoltan Nagy · Reinas de copas



“Reinas de Copas. Las grandes mujeres del vino”, el primer libro de Zoltan Nagy






El libro es una pequeña muestra de cómo cada día más hay más mujeres asumiendo y liderando diferentes facetas en el negocio del vino.

Reinas de Copas. Las grandes mujeres del vino es el primer libro de Zoltan Nagy
Nagy ha seleccionado personalmente cincuenta mujeres del sector del vino, ha escrito su retrato biográfico y les ha pedido que ellas mismas elijan el vino que mejor las representa, aquél vino en el que creen que está su sello más femenino. Así nace esta obra que incluye cincuenta profesionales y cincuenta vinos con alma de mujer.

El libro es una pequeña muestra de cómo cada día más enólogas se embarcan en el duro trabajo de las vendimias, las maceraciones y los remontados. Cómo cada vez hay más mujeres en los departamentos de ventas, exportación, comunicación, publicidad, marketing, enoturismo y relaciones públicas. Cómo cada vez hay más mujeres asumiendo la dirección de la bodega o líderando su propio proyecto emprendedor.

El libro es un pequeño homenaje a algunas de estas mujeres. Mujeres jóvenes y mujeres maduras, algunas empezando y otras con larga experiencia, con diferentes orígenes y trayectorias, todas ellas admirables y con vidas estimulantes en el sector del vino.
El libro lo publica Tolosa Wine Books, la editorial especializada en libros de vinos y enoturismo. Lluís Tolosa apuesta por el primer libro de Zoltan Nagy porque "el sector del vino necesita más libros, más guías y más comunicadores. Y Zoltan aporta descaro, frescura, juventud, sensibilidad y talento".

Compras on-line: www.tolosawinebooks.com




EL AUTOR

Zoltan Nagy es escritor de vinos, columnista en diferentes medios digitales e hiperactivo en las redes sociales. Miembro de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV) y de la International Federation of Wine and Spirits Journalists and Writers (FIJEV). 

Socio de Wine Lover Tour, empresa de viajes enogastronómicos. Realiza catas a domicilio, diseña cartas de vinos para restaurantes y asesora a bodegas en redes sociales y marketing digital. En formación continua en Wine & Spirit Education Trust (WSET), el principal proveedor de cualificaciones en vinos y espirituosos en el mundo.

Zoltan Nagy nació en la Transilvania rumana, en una familia húngara con cinco hermanos. Cosecha del 1989, el mismo año que cayó el Muro de Berlín. Se dice de él que es un chaval inquieto y con ganas. De niño se le daba bien aprender idiomas. Habla cinco idiomas y está aprendiendo chino para mejorar su gestión de exportación de vinos españoles. En 2010 fue adoptado por Barcelona, donde vive y desarrolla su actividad profesional. Reinas de copas. Las grandes mujeres del vino es su primer libro.










lunes, 23 de octubre de 2017

Barbaresco - mito y realidad



Andrew Jefford  23 de octubre de 2017



Viñedo de Rabajà mirando hacia Martinenga, Asili y el río. Andrew Jefford


Andrew Jefford descubre lo inesperado después de observar más de cerca la división entre Barbaresco y Barolo.


¿Cuál es exactamente la relación entre Barolo y Barbaresco? El modelo de Burdeos de la margen izquierda y derecha no se repite aquí, ya que no existe una diferencia varietal entre los dos DOCG: no es más que Nebbiolo . Quizás los vinos tintos contrastantes de las Côtes de Nuits y las Côtes de Beaune son una mejor comparación: ofrecen una sutil diferencia de estilo basada en una modulación de la topografía y los suelos. Sin embargo, cuando observa más profundamente esta pregunta, hay sorpresas en la tienda.

Los fanáticos de Langhe a veces se sorprenden al descubrir que Barolo y Barbaresco no son zonas adyacentes. Están separados por la ciudad de Alba y por gran parte de la zona de cultivo de Dolcetto de Diano d'Alba (que también se adentra en Barolo). También se puede cultivar Barbera d'Alba en estos viñedos de transición, pero este enorme DOC también cubre a Barolo y Barbaresco en su totalidad y mucho más.
Hay lecciones útiles aquí. Tanto Barolo como Barbaresco están, de hecho, plantados con variedades distintas de Nebbiolo; Los pueblos de Neive y Treiso dentro de Barbaresco constituyen una zona clave de cultivo de Moscato d'Asti, por ejemplo, en la que Nebbiolo solo ha comenzado a incursionar en los últimos años. Una mirada a la topografía caótica de la región y te darás cuenta de que esto tiene que ser así. Es un contraste integral con la Costa de Oro.


Bricco di Neive viñedos. Andrew Jefford.
De hecho, lo que indican las zonas de Barolo y Barbaresco es que los mejores sitios para Nebbiolo en Langhe se encuentran en algún lugar u otro dentro de sus límites: rodean los puntos calientes de Nebbiolo, si lo desea. Barolo es el punto caliente al suroeste de Alba, y Barbaresco es el punto caliente al noreste de Alba.
¿Cuanto calor? Mi suposición siempre había sido que Barolo era el más cálido de los dos, y probablemente el más bajo, debido al hecho de que sus taninos eran más adherentes, su fruta más contundente y sus requisitos de envejecimiento más imperativos.
Nuevamente incorrecto. De hecho, Barbaresco es más bajo, más cálido y generalmente cosecha antes. Los sitios de viñedos más altos en La Morra y Monforte se encuentran justo por encima y por debajo de 550 m, mientras que Serralunga alcanza un máximo de 450 m. Barbaresco, por el contrario, no tiene un sitio superior a 500 my la mayoría de los sitios excelentes alcanzan un máximo de 300 m aproximadamente. Es perfectamente común en Barolo que Nebbiolo crezca a 400 m.
También hay otras diferencias físicas. Barolo, que se encuentra más al oeste, es golpeado por los sistemas climáticos antes de Barbaresco, que goza de una posición más protegida. Este factor marcó una diferencia dramática en la cosecha 2014, cuando Barolo luchó con un total de 1,400 mm de lluvia mientras que Barbaresco pasó con solo 750 mm.
Sin embargo, eso todavía no explica la diferencia de estilo entre la gentileza, elegancia y accesibilidad de Barbaresco y la fuerza y ​​el poder de Barolo. Tal vez todo está en el suelo? Una vez más, nuestra teoría parece frustrada: las margas fósiles de color gris azulado Sant 'Agata y las margas de formación Lequio, ligeramente más arenosas o más sedosas, dominan ambas zonas.
Volvamos al mapa nuevamente. Recuerde que los viñedos mejores y más amigables para Nebbiolo en Barbaresco se encuentran en el pueblo de Barbaresco. Observe dónde está: en una serie de riscos que suben y bajan, sobre el río Tànaro. El australiano Dave Fletcher, que vive y hace vino en Barbaresco, dice que su "milla de oro" es la proporción de la zona que corre a lo largo del río. Barolo, por el contrario, se encuentra en su propio pequeño cuenco de colinas, al sur del Tànaro. Solo hay un pueblo de Barolo cerca del Tànaro, y ese es Verduno, a menudo se dice que es el más parecido a Barbaresco de todos los pueblos de Barolo. ¿Podría ser esto una pista?
Ahora podríamos estar llegando a alguna parte. Los cultivadores de Barbaresco a menudo hablan de un efecto de 'aire acondicionado' provocado por el río: es más ventoso y menos propenso a las tormentas, a pesar de que las sumas muestran que es más cálido en conjunto. Mire también la forma de las líneas principales de la cresta tanto en Barolo como en Barbaresco (no es fácil para el ojo inexperto, lo admito), y verá que los sitios clave de Barbaresco tienden a estar orientados al oeste o al este, mientras que Barolo tiene un porcentaje mucho mayor de sitios orientados al sur. Ambos son seguramente factores significativos.
Cuando hablas con los lugareños, también parece que las diferencias de suelo realmente juegan un papel, ya que los suelos de Barbaresco tienden a ser algo más arenosos, más suaves y más cálidos que los de Barolo, a pesar de que las formaciones son las mismas. 
La formación Lequio en Serralunga, por ejemplo, contiene menos del 20% de arena, mientras que la misma formación en Treiso y Neive contiene aproximadamente el 30% de arena. Y, en general, los suelos de Langhe tienden a volverse más arenosos a medida que se acercan al Tànaro; Roero, en el lado norte del río frente al pueblo de Barbaresco, es arena casi pura. Más arena significa menos arcilla en la mezcla, y menos arcilla tenderá a significar menos agua retenida, lo que a su vez es críticamente importante para el desarrollo polifenólico.

Así que esa es mi respuesta provisional a la pregunta de por qué Barbaresco difiere de Barolo: proximidad del río, aspecto de las laderas principales y porcentajes de arena en el suelo.
Sin embargo, lo que los bebedores en lugar de los estudiantes de vino deben recordar es que no estamos hablando de "mejor" y "peor" aquí; Estamos hablando de 'diferente'. Ambos virtudes comparten las virtudes del mejor Langhe Nebbiolo: su detalle, su refinamiento, su gracia, el brillo de sus equilibrios y su generosidad tánica (con todo lo que implica para la salud, la digestibilidad y la aptitud gastronómica). Incluso si Barolo no existiera, Barbaresco aún estaría allí con los mejores vinos tintos del mundo. Aquí hay algunos ejemplos, que incluyen algunos vinos semi-maduros recientemente degustados tanto en Barbaresco como en Hong Kong.



Cata de Barbaresco



Podere Colla, Roncaglie, Barbaresco 2013

Colla es el principal terrateniente en el pequeño y de alta calidad cru de Roncaglie con orientación suroeste. Este vino tinto claro y profundo tiene mucho encanto elevado y fruta picante y cálida: fresa y cúrcuma. En el paladar, es un clásico de tela de gasa poco demostrativo: largo, flotante, elegante, con taninos suaves y de encaje y un carácter de piedra en polvo que otorga dignidad a las frutas sutiles. 93

Az Ag Falletto di Bruno Giacosa, Asili, Barbaresco 2012

Tres de los mayores viñedos contiguos en Barbaresco son Asili, Martinenga y Rabajà. Este vino Giacosa del primero de estos es de color granate claro, con frutas ahora bien maduras: cremoso, complejo y otoñal, con un toque de alcanfor y alquitrán. Autoritario y amplio. 94

Marchese di Gréy, Martinenga, Camp Gros, Barbaresco 2010

Todo el crucero de 17 ha de Martinenga es propiedad de Marchese di Grésy: una tenencia de buena fortuna casi única para esta región de propiedades generalmente maltratadas (aunque tenga en cuenta que Grésy, que solo comenzó su propia vinificación y embotellado en 1973, tiene 11 ha plantado a Nebbiolo). Este vino cru proviene de la porción de vides debajo de Rabajà. Sin duda, el Marchese no estaría de acuerdo, pero esto me parece perfectamente maduro en este momento: fino y perfumado, lo que sugiere una nueva gamuza o guante de cuero; un poco de fruta cremosa y tímida emerge más tarde. En boca, el vino es suave, abierto y expresivo, la acidez sostenida y los taninos finamente molidos forman un único arco estructural que nunca desconcierta, solo encantos. 94

Paitin, Sori Paitin, Barbaresco 2013

El Sori Paitin es la parte superior de las empinadas propiedades Serraboella de la familia Paitin en Neive. ¿Por qué separarlo? “Mi abuelo tenía un buey fuerte”, recuerda Giovanni Pasquero Elia, “y podía manejar todos los viñedos. Luego murió, y el nuevo no fue tan fuerte. Sudaba y luchaba en la sección superior, así que decidimos que la diferencia estaba allí y que debíamos hacer un vino especial ”. Este es de color rojo claro, con aromas elegantes, frescos y detallados: paja, flores silvestres, fresas. Después de este encanto aromático, la severidad y las profundidades secas y estimulantes del paladar son casi impactantes: taninos virtuosos y una sensación de bosque oscuro y sombreado en una estación seca. Vino profundamente gratificante. 93

 Roagna, Pajè, Barbaresco 2011

El Pajè con forma de anfiteatro se encuentra en las afueras de la aldea de Barbaresco y es el buque insignia de Roagna, de ahí los tres cuvées separados (y también un Reserva). Es difícil creer que este vino sea el más modesto de estos, con sus aromas refinados de nueces, salsas y otras carnes fermentadas, su riqueza derretida de tanino, su tierna suavidad aliada a la concentración y el equilibrio. 94

Roagna, Pajè, Vecchie Viti, Barbaresco 2012

Las viñas viejas se definen seriamente aquí: 75 años o más. Otros principios de Roagna incluyen el cultivo rigurosamente orgánico, la cosecha tardía y las prácticas tradicionales de envejecimiento prolongado. Es un vino de tonos oscuros con la perfecta armonía de aromas que el envejecimiento tradicional tiende a aportar: frutos rojos otoñales, complejidades de hongos silvestres. En el paladar, también hay un núcleo de fruta brillante en el vino. Limpidez, pureza y proporción: un cuerpo de vino perfectamente vestido, fresco pero rico, amplio pero elegante. 95

Roagna, Crichët Pajè, Barbaresco 2007

Esto proviene no solo de viñas muy viejas (80 años o más) sino de la sección más rica en piedra caliza de la explotación de Pajè por Roagna. No se producen más de 1.800 botellas por año. El vino permanece con sus pieles hasta por tres meses, seguido por el envejecimiento solo en madera grande; se lanza a los diez años. Es límpido y claro, pero todavía muestra poco rojo ladrillo; los aromas parecen haber cobrado fuerza interior con los años, y evocan hongos, ciruelas pasas, piedras cálidas y la dulzura del tartar de ternera en un estilo armonioso, incluso sinfónico. En el paladar, los taninos claros y suaves son brevemente aparentes, luego desaparecen en la masa refinada de sabor: licor de frambuesa y avellana para las frutas, pero es tan salado como afrutado. Persistente, de textura cerrada y tipo tapiz. 97

Sottimano, Pajorè, Barbaresco 2011

Pajorè es uno de los mejores viñedos de Treiso, ubicado en el límite del pueblo de Barbaresco. El vino de Andrea Sottimano es relativamente profundo en color y franco en su estilo aromático: tiene cierta crianza en pequeños barriles de roble, pero son las frutas de grosellas rojas y arándanos las que emergen con más claridad. Profundo, lleno y fresco en el paladar, con taninos firmes también, que le dan al vino una calidad crujiente. Sin embargo, permanece dentro del idioma de Barbaresco, y se suaviza hacia la gracia bien formada cuando sale del paladar. Impresionante energía y compromiso aquí. 93



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lunes, 31 de julio de 2017

La vid en verano


El vino se hace en la viña, eso es un hecho. El verano con sus días largos y sus horas de sol ayudan a la vid a completar su ciclo vital. Comienza la recta final de un proceso que marcará la próxima vendimia.
El ciclo biológico de la vid se repite del mismo modo en todos los viñedos del mundo. El clima, el suelo y las técnicas de viticultura son, en gran parte, las que determinan las características diferenciales de los vinos.

Fructificación · también conocido como período herbáceo


Después de superar con éxito lo procesos de floración, fecundación y posterior cuajado de la primavera, a finales de junio o principios de julio las flores comienzan a dar pequeños frutos verdes. En este momento los granos de uva están implicados en procesos de síntesis y respiración, se comportan como “hojas”, y tienen una elevada concentración de clorofila. De ahí su color verde brillante. En paralelo las pepitas finalizan su desarrollo, alcanzando su madurez fisiológica.

Es ahora cuando el viticultor puede realizar «la vendimia en verde o aclareo», si la cepa está muy cargada de fruto, eliminando parte de los racimos jóvenes.

Envero


Durante este proceso la uva pierde clorofila, cesa temporalmente su crecimiento y aparecen poco a poco los pigmentos característicos de cada variedad. Esto ocurre a lo largo del verano. El raspón crecerá hasta llegar a su tamaño definitivo y las pepitas completan su desarrollo. No hay que olvidar que la uva es como un «pequeño laboratorio» donde ocurren muchos procesos físico-químicos.
Aquí también puede realizarse un aclareo para obtener el equilibrio óptimo entre el número de racimos y el grado de maduración esperado para la vendimia.

Maduración


Dice el refrán que «a su tiempo maduran las uvas». Podríamos decir que esto ocurre en el período comprendido entre agosto y octubre. Se reanuda el crecimiento de la uva y aumenta considerablemente su volumen. Ahora cambia su función fotosintética y empieza a comportarse como un almacén de reservas acumulando agua, sustancias nutritivas y azúcares.
En este momento puede ocurrir que:
  • Los días soleados con temperaturas suaves den lugar a uvas con elevado contenido en azúcares. Si la vendimia no es demasiado prematura y se aprovechan las condiciones óptimas de luz, temperatura y humedad, mejor será la calidad de la uva.
  • Una disminución de la temperatura y/o intensas lluvias pueden estropear el grano de uva, trayendo consigo procesos como la podredumbre.
  • Bajo ciertas condiciones bioclimáticas o para la elaboración de ciertos vinos puede producirse una sobremaduración. El racimo puede permanecer en la cepa hasta que alcance una concentración deseada de azúcares. Ahora entra en juego la física y, debido a la transpiración que ocurre en el grano de la uva, se concentra el azúcar y la baya pierde volumen.

Vendimia


Es el momento clave ya que elegir la fecha adecuada del inicio de vendimia es determinante para el resultado final del vino. Es ahora cuando la naturaleza deja que enólogos, ingenieros agrónomos y bodegueros influyan en el proceso. Son ellos los que gracias a rigurosos controles de maduración y su experiencia predicen la calidad del mosto y establecen el momento justo. Los días soleados del mes de septiembre hacen que la uva madure plenamente. En este punto hay que vigilar el estado de salud de las cepas ya que pueden aparecer microorganismos que dañen la cosecha.
Una vez en la bodega es el turno del bodeguero, de comprobar qué sabe hacer. Dentro de una copa de vino hay genio e ingenio, terruño, carácter, experiencia e innovación. Cada copa es una historia.



Sobre el Autor María Lucas
Bióloga de corazón, enamorada de la vid y sus frutos, haciendo del vino profesión y pasión. A ratos, Social Media en constante WineStorming. El vino me ha conquistado y desde siempre mi destino está unido a él. Consigue sorprenderme, enseñarme cosas nuevas y arrancarme una sonrisa. ¿Un sonido? El descorche de una botella. ¿Un olor? Una bodega en vendimia ¿Un color? El viñedo en otoño.





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miércoles, 15 de marzo de 2017

Garnacha, qué tienen tus vinos que nos gustan tanto




Autor: Raquel Pardo. Imágenes: Álvaro Fernández PrietoMiércoles, 15 de Marzo de 2017

Si hay una cualidad que se le puede atribuir a la garnacha, a las garnachas, es su vocación cosmopolita. Sus distintas variedades, cual Phileas Fogg ibérico, han salido de España y se han implantado en los cinco continentes.
Desde que Gabriel Alonso de Herrera la citó en su obra  Agricultura general en 1513 (según la obra Wine Grapes: A Complete Guide to 1.368 Vine Varieties, including their Origins and Flavours, de Jancis Robinson, Julia Harding y José Vouillamoz) con el nombre de “Aragonés” y situó su origen en España, los sardos han reivindicado su tierra como el origen de la garnacha, a la que llaman cannonau, y sus mutaciones: blanca, peluda y gris. Pero parece indiscutible, según Robinson y otros autores como Oz Clarke en Grapes and Wines, que la garnacha es autóctona de Aragón y proximidades. Una hipótesis que confirman, según Robinson, dos razones: las variaciones de la garnacha (tinta, gris, blanca, peluda), que solo existen aquí, y su diversidad clonal, observada en la variedad española, pero no en la sarda.
  
“La garnacha es para mí la mujer salvaje, salvaje del vino, el sexo sobre ruedas y el sálvese quien pueda, el no digas que no te avisé”, dice Clarke. Una uva que hasta hace poco se usaba como complemento o se plantaba (y se sigue haciendo) para conseguir enormes producciones de vinos para olvidar.

El problema de la garnacha en España es que nunca ha estado de moda por ser una variedad mala, muy productiva, que no permitía la elaboración de tintos con cuerpo, e instalada en zonas pobres del territorio”, comenta Félix Cabello, director del departamento de investigación agroalimentaria del IMIDRA. 

La garnacha fue perdiendo extensión desde los años 20 para acá, pero lo bueno, según Cabello, es que se han quedado muchas viñas viejas, plantadas en suelos pobres donde otra variedad no aguantaría: Priorat es la zona que le ha sacado un excelente partido a esa garnacha antigua de suelos duros, cepas muy poco productivas que son capaces de proporcionar una materia prima envidiable. 

Ahí está el tinto L’Ermita, de Álvaro Palacios, que desde su segunda añada en 94 (la primera, eventualmente, se elaboró solo con garnacha) ha ido aumentando su proporción de garnacha tinta hasta situarla en un 91% en 2016. No está sola, pero lleva una indiscutible voz cantante (y eso que el propio Álvaro no se considera “garnachista” y reivindica el concepto de terroir al completo).

Bendita moda



“La garnacha es para mí la mujer salvaje, salvaje del vino, el sexo sobre ruedas y el sálvese quien pueda, el no digas que no te avisé”




Lo que muchos ven como una moda es el momento dulce de una variedad despreciada hasta hace muy pocos años: muchos de los mejores vinos de garnacha españoles no llevan más de 10 cosechas en el mercado. Gredos es el ejemplo significativo de una explosión garnachista que ha venido para quedarse, donde esta uva en su versión tinta es la auténtica soberana. Nombres como Canopy, Comando G, Cuatro Monos o Las Moradas de San Martín trabajan con ella y le dan expresiones diferentes partiendo de parámetros comunes: viña vieja, suelos de granito o pizarra y altitudes que rondan los 1.000 metros. Alfredo Maestro, viticultor y presidente de la Asociación Garnachas de Gredos, ve en ella “finura, elegancia y sutileza”, capacidad para lograr vinos “que emocionen”, aunque reconoce puntos débiles, como los riesgos de una maduración extrema que eleve en exceso el grado. Maestro elabora en Navarredondilla (Ávila) varios de sus vinos de garnacha, pero busca (y encuentra) plantaciones en los alrededores de Peñafiel, Segovia o Cigales. “La garnacha puede llevarte al cielo, es una de las mejores variedades transmisoras del paisaje”, comenta.

Tampoco la moda ha impulsado a Toni Sarrión (Mustiguillo, Utiel, Valencia) a elaborar un vino solo de garnacha: “La viña está dentro de la finca, lleva aquí desde los 80, pero se dedicaba a formar parte de Mestizaje”, afirma Sarrión, quien también ha caído rendido a los encantos garnachistas y sacó el año pasado su primer vino de esta variedad, tras algunas vinificaciones destinadas a encontrar una elaboración idónea para una garnacha mediterránea de la que “uno se beba la botella, pero que se pueda guardar unos años y siga fresca”. La de Sarrión está en un terreno atípico, de origen dolomítico y carácter calizo, a 810 metros de altitud, que aporta una inconfundible nota salina. Eso sí, comenta el valenciano, hay que controlar mucho la producción de la cepa para conseguir una maduración óptima “y evitar las mermeladas”.


Sin perder el Norte

El Norte, de Cataluña hasta Rioja, es territorio natural de garnacha, pese a que otras variedades han inundado los viñedos, unas veces en busca de mayor seguridad en el trabajo vitícola (gran parte de los entrevistados reconoce la fragilidad de la garnacha si no se vigila su crecimiento y maduración, que puede alcanzar grados imposibles de beber); otras, un pretendido carácter internacional.




Carlos Fernández, al frente de bodegas Exeo, en Labastida (Álava) afirma que en su pueblo, y hasta la llegada de los franceses en el siglo XIX, la mayor parte del vino que se elaboraba era blanco. Quizá esa búsqueda de raíces llevó a su padre, Fidel, a plantar hace casi 40 años una finca con garnacha blanca que hoy forma parte de Cifras Blanco, uno de los niños mimados de la bodega. 
Cifras, creado en 2008, lleva también uvas procedentes de viñedos en los pagos de Chillarán y Revilla, con 80 años de edad, y es una de las apuestas por la originalidad, ya que “intentamos salir del redil”. Cifras sale al mercado con mucho tiempo de botella (la añada vigente es 2012) porque, a ojos de Fernández, no pretende “un vino tremendamente aromático o de fruta inmediata, me gusta esa reducción de la garnacha blanca con años”.




Aragón, tierra natal de esta variedad, no ha sufrido “invasiones bárbaras” de uvas internacionales, pero tampoco, salvo excepciones, ha sido cuna de vinos de clase mundial. El Master of Wine escocés Norrel Robertson está convencido de que la materia prima es excelente: “Aquí tenemos los mejores clones y mejor terreno, pero no hemos sabido divulgar sus bondades”. 

Robertson llegó a Calatayud en 2003 y se enamoró del viñedo de la región, tanto, que a lo largo de estos años ha ido adquiriendo parcelas y cuenta con 13 hectáreas que piensa aumentar cara a 2018 hasta las 20. Al escocés le sedujo la diversidad de suelos y microclimas del territorio aragonés y una historia milenaria de cultivo de viña. Con esos mimbres trabaja viñedos donde, además de garnacha, se encuentran uvas como moristel y hasta bobal, que forman parte de sus vinos. 

Manda Huevos es uno de sus tintos, procedente de dos parcelas en Villaroya de la Sierra, una con 109 años y la otra con 47, y que elabora con poca intervención y crianza, claro, en huevos. Sobre el raspón –un elemento que en zonas como Gredos va unido a la elaboración garnachera– Robertson no se muestra partidario a no ser en una proporción casi accidental, ya que, en su opinión, se pierde expresión de terruño. Se aleja también de la madera y de la extracción extremas que se ven en algunos tintos aragoneses, y opta por una medida frescura.




Navarra es otro de los territorios donde la garnacha empieza a sonar, gracias en parte a la excelente calidad de tintos como los de Domaines Lupier, de viñas en San Martín de Unx, o los vinos de parcela de Proyecto Zorzal, en Fitero, una región donde la bodega ha rescatado fincas que lleva una década trabajando. El copropietario de Zorzal, Xabier Sanz, comenta que una de las causas de que se perdiera terreno de garnacha es la sensibilidad de la uva al corrimiento. 

Este hándicap no les ha impedido, con la ayuda del enólogo Jorge Navascués, revitalizar su cultivo para conseguir expresar los distintos paisajes de esta zona limítrofe con Soria, Aragón y Rioja.


En versión catalana

La Cataluña garnachista traspasa Priorat. Alfredo Arribas se atreve con la garnacha gris, una variedad “indómita”, en sus palabras, que cultiva en el Parque Natural del Montsant. Esta uva de tonos anaranjados que se torna gris cuando madura llamó la atención de Arribas, que la trabaja persiguiendo su esencia y prescindiendo de crianzas o métodos que puedan alterarla: empezó elaborándolo con algo de madera, pero en 2015 ha optado por las ánforas, además de no añadir sulfitos y compensar la “desnudez” de este vino con una acidez alta. “Es un gran salvaje”, comenta de Siuralta Gris, al que define como un vino único e irrepetible, del que adora su toque “champenoise”.

Un territorio catalán que defiende tradicionalmente la garnacha en su versión blanca es Terra Alta. Allí Francesc, un chaval de 29 años decidió, hace seis, ser payés. Una decisión insólita para un joven de su edad, que está tomando cuerpo como bodega en Celler Frisach, un pequeño proyecto familiar que trabaja con variedades autóctonas. Entre ellas, claro, la garnacha blanca, que Francesc considera un excelente espejo del territorio. Con ella hace tres blancos tranquilos (también elabora tintos) que tienen distinto carácter, marcados por el convencimiento de que la garnacha es materia prima de grandes vinos. 




Otro de sus mayores defensores, y quizás quien más ha hecho sonar la garnacha blanca de Terra Alta fuera de Cataluña, es Joan Angel Lliberia, propietario de Edetària. Ambos viticultores defienden el terreno de panal, arenoso, como el mejor para esta casta, además de un clima donde el viento garbí aporta una frescura que no da la altitud en este caso. Lliberia también elabora uno de los tintos más singulares de la región, La Personal, con garnacha peluda, una mutación que procede de un viñedo plantado por su abuelo. 

Salió por primera vez al mercado en 2013 tras muchos años descartándola por irregular, todo un reto que es la clave de su encanto: “Tenemos que lograr superar lo salvaje de la uva para sacarle todo el partido”, comenta de un vino para el que hay que vendimiar en etapas y del que no se aprovecha toda la uva del viñedo. Lliberia apunta también que la barrica, en muchos casos enemiga de la garnacha porque enmascara su delicadeza, no debe nunca maquillar el vino.


Garnachas Grand Cru

¿Puede haber grandes vinos, longevos y complejos, elaborados con garnacha? El danés Anders Vinding- Diers así lo cree, tras haberse topado con dos viñas “mágicas” en Montánchez (Cáceres). A 700 metros y con 150 y 200 años de edad, con orientación Norte y Sur y sobre suelos de granito, Vinding– Diers encontró una viña “grand cru classé”, define, y no tuvo duda: había que convertirlas en vino. Levaduras autóctonas, maduración por debajo los 13,5 grados, trabajo manual y fermentación en tinas y ánforas, con apenas un mes de madera conforman Pagos de Mirabel, la estrella de su catálogo. “En bodega no la toco, me limito a escucharla”, comenta, y se confiesa enamorado de la garnacha, pese a haber trabajado junto a su primo Peter Sisseck en el aclamado Pingus de la Ribera del Duero. Es la primera garnacha que elabora: “No quiero mezclarla, la gente me dice al probarla que le recuerda aromas de su infancia”. El danés se considera bendecido por trabajarla y la define como una joya que da un vino “femenino, fluido y tranquilo”, capaz de acomplejarse con años de botella.

La pasión por la garnacha se ha desatado entre los elaboradores para regocijo de los consumidores, que pueden encontrar por casi toda España alguna que se adecue a sus gustos y le haga viajar simplemente con servirse una copa.












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jueves, 2 de marzo de 2017

Manuel Fariña, una nueva generación para el futuro de Toro






Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto 

Máster en Enología, ingeniero agrónomo y director de innovación en la empresa familiar, Manu pertenece a la tercera generación de los Fariña, una dinastía que llegó al vino de Toro por estas cosas del azar.

Su abuelo paterno, Salvador, regentaba una tienda de ultramarinos en Porto de Sanabria, el último pueblo de Zamora antes de llegar a Galicia. “Se había hecho amigo en la mili de un vecino de Casaseca de las Chanas, en la comarca de la Tierra del Vino, que le convenció de mudar allí su pequeño negocio. Compró un par de viñitas aunque no tenía ni idea de hacer vino, pero era muy inquieto y consiguió que un señor del pueblo le enseñase a elaborarlo a su manera. Era muy buen comerciante y se relacionaba mucho con los pueblos de los alrededores: compraba y vendía vino, alquilaba bodegas… Así nació Bodegas Porto en 1942, en plena posguerra. Décadas después cambiamos la marca a Fariña, el apellido de la familia”.

Los vinos se vendían a granel hasta que entró en el negocio Manuel, el padre de Manu. No le convencían los estudios, así que empezó a ayudar a Salvador y a trabajar en la bodega familiar a los 14 años. “Se dio cuenta de que aquello le gustaba muchísimo. 

Hizo el acceso a la Escuela de la Vid de Requena, donde estuvo dos años y quedó el primero de su promoción. A su vuelta trajo cambios”. Eran los inicios de los años 70 y los principales clientes de la casa eran comerciantes gallegos que venían por uva, mosto y vino para llevar a su tierra. 

“Casaseca era un mercado muy volátil y la mayor parte de las viñas se habían arrancado. Pero cerca, en Toro, se habían creado dos cooperativas y se mantenían vivos el viñedo viejo y la tradición, así que hicimos un acuerdo con un grupo de viticultores para elaborar. 

Comenzamos a envejecer los vinos en madera para hacer unos primeros Colegiata que cambiaron lo que era el antiguo vino de Toro. Tanto que, hasta finales de los años 80 teníamos que explicar en la etiqueta que ése no era el tinto al que el consumidor estaba habituado. En 1987 se crea la D.O. y construimos allí la segunda bodega”.

Recuerdo una frase de tu padre que viene a decir que “hay que cuidar que los vinos sean suaves y redondos”.

¡Es que es su obsesión desde que empezó y la tendrá siempre! Ha sido una lucha porque cuando empezó se vendimiaba en torno al Pilar, el 12 de octubre, con lo que la graduación mínima de los vinos andaba por los 15-16º y su concentración de color y acidez no tenían nada que ver con los de hoy.

¿Es Toro la gran promesa incumplida? Hace años que estamos oyendo que “será lo próximo”, pero ese momento parece no llegar. ¿Se le ha pasado el arroz?

Si buscas e investigas, hay muchísimas cosas aún por hacer. Creo que el momento de Toro aún está por llegar. Robert Parker dijo hace 15 años que hoy las estrellas serían Jumilla, Toro y Priorato, pero lo siguen siendo la Rioja y, algo menos, la Ribera del Duero. 

El problema es que teníamos fama; otras regiones que no la tenían se han desarrollado fenomenalmente. Hay que recordar que los grandes literatos del Siglo de Oro ya escribían de unos vinos tan fuertes que podían viajar a América con los emigrantes –Colón en su segundo viaje llevó vinos y también viñas de tinta de Toro– sin necesidad de encabezarlos con alcohol. 

Pero, con los siglos, Toro no se supo adaptar a un consumidor que bebía vinos más refinados, al estilo de los de Francia. Mi padre decidió “importar” ese modelo porque, además de que la zona es ideal para vinos de estructura y cuerpo, creyó que podían ser muy elegantes.

Está claro que vuestra trayectoria os acredita como creadores del Toro moderno, pero ahora hay otros proyectos con más impacto en los medios. ¿Os sentís celosos o ninguneados?

Hace 10-15 años tuvimos un boom con la llegada de muchas bodegas y, entre ellas, algunas de las mejores del mundo. Fue una bendición para los que estamos allí, pero hay un problema: ellos han venido a buscar un estándar y a hacer lo que no podían en sus zonas, vinos fantásticos, poderosos, extraordinarios, pero no para todo el mundo, lo que no nos ha beneficiado nada a los que luchábamos por un Toro más redondo y de menor grado. 

Nuestra filosofía, que viene desde los orígenes, es hacer vinos asequibles y cuidar la relación calidad-precio. Hay momentos en los que estamos en portada; otros en los que somos los quintos en discordia y los focos están puestos en otros, pero este año cumplimos 75 como empresa y no funcionamos por modas. No buscamos los 100 puntos Parker, sino seguir con los distribuidores con los que llevamos décadas trabajando.

Esas modas prescriben hoy tintos frescos de trago largo. ¿Pueden hacerse en Toro con los rendimientos bajos que tenéis? ¿Merece la pena intentarlo?

Creo que sí. Hay que trabajar más la viticultura. Más allá del lugar común de las viñas prefiloxéricas y centenarias de las que siempre hablamos, tenemos más de 300 hectáreas que trabajamos de formas muy diversas en busca de vinos más frescos y de mejor acidez. Con nuestros suelos y nuestro clima podemos hacer muchísimas cosas.

¿Se está valorando y cobrando ese viñedo viejo?

La gran mayoría de la viña de Toro está en pie franco y tiene ya una edad. Tenemos un suelo de aluvión formado por el Duero y sus afluentes, con arenas gruesas y piedras que hacen que la filoxera no se pueda implantar. Pero no hemos sabido valorar ese tesoro que, 100 kilómetros arriba en el Duero, sería otra cosa.

¿La tinta de Toro es tempranillo?

Hasta donde sé, y esto no lo puedo decir en Toro, es un clon de tempranillo. Es la misma selección genética que hacemos en el laboratorio, pero nacida en la tierra, genotipo pero también fenotipo: los rasgos que le han dado el ambiente hostil con una pluviometría bajísima, cerca de 3.000 horas de sol, que son una barbaridad, y unas tierras de agricultura de subsistencia en las que no puedes hacer otra cosa que vino. Es nuestra esencia pero también representa el purismo, que es bueno y es malo.

¿Ha pasado de moda la maceración carbónica?

En el sector nos hemos equivocado al darle ese nombre a los vinos así elaborados. Parece que usamos artificios extraños cuando, en realidad, es el método ancestral. Si hubiésemos dicho “tintos de método tradicional” creo que hubiéramos tenido mucho más éxito.

¿Tampoco se llevan las maderas nuevas?

No apostamos por una alta proporción de roble nuevo. La carga tánica que viene ya “de serie” en el Toro es demasiado alta como para reforzarla aún más. Nuestra gama clásica usa maderas relativamente usadas y no metimos nada de roble francés hasta hace unos 15 años. Utilizar más el americano parece pasado de moda, pero nos gusta porque aporta identidad a ciertos vinos.

¿Qué añada reciente expresa mejor vuestro carácter, aquello hacia lo que queréis apuntar?

Recuerdo con mucho cariño el Reserva 2004, un tinto de estilo muy tradicional, entre riojano y bordelés, que pasó 18 meses en barrica vieja de roble americano y no menos de tres años en botella. ¡Me volvió loco cuando yo empezaba a trabajar en la bodega! Y he catado Grandes Reservas, que ya no elaboramos, de añadas como 1987 y 1988. Es un tipo de vino que no se ha vuelto a hacer. Toro no es tierra de reservas, pero estos tintos maduros, hechos, siguen hoy muy vivos y están entre los proyectos que volveremos a retomar.

¿Hay más proyectos confesables?

Llevamos siete años con un estudio de suelos muy exhaustivo. También estamos cambiando el manejo de una gran parte del viñedo. Y hay que decir que una gran uva olvidada en nuestra tierra es la malvasía castellana, una blanca menos expresiva que la verdejo que guarda cierta similitud con las variedades “amoscateladas”

Estamos haciendo cosas nuevas con ella que esperamos sacar al mercado en uno o dos años. Otros grandes olvidados son los vinos dulces, que son una gran inquietud de mi padre. Tenemos un tinto de tempranillo que envejece por el sistema de soleras y criaderas como un Jerez. Sale sin añada ni denominación y es un vino muy viejo que, para mí, es la joya de la casa. La zona se pierde mucho porque la D.O. no nos deje hacer dulces.












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