lunes, 8 de julio de 2013

Entrevistas


Isabel Brunet · Sumiller en Monvínic
 

 
El vino, la comida y la mesa, tres conceptos que para la sumiller Isabelle Brunet no pueden separarse y que ha llevado siempre consigo desde que a los 10 años ayudaba en el restaurante familiar. Su mochila va cargada de conocimientos sobre el terreno, de la experiencia de haber viajado por todo el mundo descubriendo viñedos y bodegas. 
Para Isabelle el vino es un alimento, un producto del campo para el disfrute de todos, sin etiquetas de lujo ni una desproporcionada elevación a producto snob. Esta experimentada sumiller ofrece sus conocimientos en Monvínic, un proyecto con aliento de mecenazgo de Sergi Ferrer-Salat, que se ha convertido en un winebar de referencia. Pasión, dedicación, experiencia y descubrimiento, Isabelle transmite un respeto y un amor hacia el vino que te despiertan al instante, la necesidad de descorchar una botella.
 

 
 
¿Cuál fue su primer contacto con el mundo del vino?
 
Desde la infancia, mis padres tenían un restaurante y desde los 8 años ya conviví con la cocina y el vino. Me han educado de manera que la mesa siempre ha sido una fiesta, con la comida y el vino como elementos indivisibles. A los 12 años bebía vino con agua y a los 14 ya empecé como camarera en el restaurante. ¡No puedo concebir una buena comida/mesa sin él! 
En una entrevista en el blog de Robert Giorgione habla precisamente del restaurante de sus padres (Chez n’Zot) en Poitou (Francia) y explica que su hermano pequeño fue el que empezó siendo sumiller. ¿Cómo llegó a Barcelona? Es cierto que mi hermano empezó la carrera de sumiller mientras yo trabajaba de camarera, fue más tarde cuando estudié en el WSET. Después decidí aprender idiomas y viajar por el mundo conociendo viñedos y bodegas. Después de 5 años en Londres volé para trabajar en Australia, pasando por otras tierras como Portugal, España, África del Sur, Nueva Zelanda, Tasmania, Oregón, California, Cuba (los puros)… Después de 2 años descubriendo bodegas volví a España en 2000 porqué mi hermano estaba aquí y siempre hemos tenido una afinidad especial. Empecé trabajando de camarera en el Tragaluz y después me cogieron de sumiller en El Bulli. 
 

 
 
 
¿El sumiller es un oficio masculinizado o las mujeres son menos mediáticas?
 
Hay muchas mujeres que son sumilleres, supongo que es cultural. En los países anglosajones es más habitual ver mujeres en el sector del vino, por ejemplo Jancis Robinson ya era master of wine en los 80. Nunca ha sido un problema ser mujer. 
¿Por qué el gran público ve con tanta distancia el mundo del vino?
El freno lo ponen las personas que elevan el vino a algo snob y elitista, como si hicieran falta grandes conocimientos para disfrutar, como si fuera un don entender de vino. Pero al final, no es nada más que una bebida sana y accesible a todos si uno es receptivo con su propia sensibilidad. 
 
Una de sus grandes experiencias sobre el terreno fue en la bodega australiana Bass Phillip. ¿Cómo surgió?
 
Fue gracias a Sergi Ferrer-Salat, antes de darme la maravillosa oportunidad de empezar Monvínic me comentó que sería interesante que trabajase en una bodega y me dejó escoger. Me habían cautivado los Pinot de Phillip Jones, así que fui a trabajar seis meses a descubrir cómo se elaboraba ese vino que me emocionó. Trabajé en la poda, la bodega, hasta con los tractores, fue intenso, variado y aprendí mucho. Trabajar la tierra me hizo sentir más cerca del vino y de la naturaleza. Esta bodega vende únicamente en Asia y Australia,  muy a menudo sus Pinot Noir llegan a tocar el corazón y el alma.
 

 
 
¿Cómo llegó a Monvínic?
 
En 2004, cuando estaba en LAVINIA, Sergi Ferrer-Salat me comentó la idea. Entonces sólo se trataba de montar el proyecto y buscar las herramientas para hacer realidad su sueño, su idea. Trabajamos conjuntamente para entender la filosofía y el concepto de un objetivo de dichas características, puesto que es un gran comunicador avanzamos poco a poco pero con dedicación y paciencia. Sergi Ferrer-Salat es el creador de Monvínic, que se define como un lugar divulgador de la cultura del vino, ¿para todos los públicos? Viene la gente que quiere, generalmente personas con curiosidad por probar. El contenido de la carta de vinos impresiona a algunos, otros vienen a por algo concreto y otros no conocen los vinos. Disponemos de una carta digital de manera que es muy divertido filtrar información, incluyendo mapas y foto del productor. Es una buena manera de que la gente viaje sin coger un avión y descubra la zona del vino y sus protagonistas. 
 
¿Cómo se ha hecho y actualiza la selección de vinos?
 
Somos 7 sumilleres que trabajamos bajo la dirección de César Cánovas. Entre nosotros nos hemos repartido el mundo, por decirlo así, y cada uno se encarga de tener sus países cubiertos, muchas marcas no son conocidas, pero son los mejores vinos representativos de su zona. Por ejemplo, llevo Francia, y César Canovas hace centro Europa, Austria, Suiza, Hungría, Líbano e Israel, entre otros.  La carta se actualiza al momento, en los cuatro años que llevamos hemos ofrecido unas 6.000 marcas y siempre disponemos de un mínimo de 2.500. A parte de apoyarnos en nuestra base de datos, la cual dispone de más de 20.000 bodegas referenciadas y por supuesto más marcas, contamos con los conocimientos propios de los compañeros, intentando ponernos al día con las guías y revistas. 
 

 
 
¿Cómo adquieren las botellas?
 
Compramos a merchantes profesionales en el país de origen y, por países como Argentina, Chile, Australia, a los importadores en Inglaterra. Poca gente lo hace en España, quizás van aumentando, pero es más complicado, se tiene que cuidar mucho el transporte y el tema de aduanas, por esto es más lento. Pero hay un valor añadido, tenemos bodegas que nos importan, esto tiene un valor incalculable puesto que puedes venir a Monvínic y probar un vino que sólo tenemos nosotros. Comprar así es complicado, de hecho podemos tardar meses e incluso un año en tener determinadas botellas. Un sumiller es bueno gestionando la bodega,  ofreciendo sus conocimientos se puede tener una carta personalizada con mayor identidad 
 
¿Qué es lo que más le gusta del trabajo en Monvínic?
 
Después de estar viajando y cogiendo experiencia a lo largo de 20 años, el proyecto me tocó el corazón. Además, trabajar cerca de la filosofía de Sergi Ferrer-Salat y con un equipo así es un lujo. Monvínic tiene una mentalidad abierta y me gusta, puesto que para mí el vino es mundial, abres un Rebula de Marjan Simçic de Eslovenia, o un Pinot Noir de la valle de Leyda de Chile y te trasladas a dos mundos opuestos pero con gente maravillosa.
 


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