lunes, 8 de julio de 2013

Entrevista a Alvaro Palacios






Una historia personal en el Priorat

El reputado enólogo Álvaro Palacios empezó en 1989 un proyecto personal para elaborar un gran vino clásico. 23 años después los resultados hablan por sí solos y L’Ermita se ha convertido en un vino que no precisa ninguna presentación. 

Recogiendo la tradición ancestral de unos terrenos cultivados a lo largo de seis siglos, Álvaro Palacios ha dedicado sus esfuerzos a trabajar de forma tradicional unos terrenos con una escarpada orografía y características muy particulares.



El Priorat y los beneficios de su orografía

Gratallops es un pequeño pueblo encaramado en una colina y justo al otro lado de la carretera se sitúan las bodegas Álvaro Palacios en un moderno edificio presidido por grandes ventanales. El maestro de bodega Oriol Castells trabaja desde 1992 en el proyecto y es el encargado de presentarnos la propiedad y la forma de trabajar en ella.

Una de las características del Priorat es su terreno, Oriol Castells nos cuenta que se trata de terrenos con piedra metamórfica y tierra calcárea ligeramente ácida, con muchos minerales, lo que conlleva que la asimilación de nutrientes sea más fácil. Además, explica que “la diversidad de minerales da más complejidad a los vinos”.


La propiedad tiene 40 hectáreas y todos sus viñedos están inscritos como ecológicos. Oriol nos describe que hay un hecho climático que lo favorece: “la zona está muy ventilada, el viento de garbinada, que viene del mar,  alarga la maduración”.



De Finca Dofí a Les Terrasses, tintos con raza

Finca Dofí tiene una extensión de 12 hectáreas de viñedos escarpados y curvos. Aquí la viticultura es de dos tipos: la moderna y la tradicional. El sistema moderno es con bancales y el tradicional con el llamado coster, este último se labra con mulas. Oriol Castells nos destaca que el sistema tradicional es mucho más completo, más natural, puesto que considera que los bancales rompen el origen del  terreno. 

En Finca Dofí hay plantada en mayor porcentaje la variedad de uva garnacha, que se mima y se cuida de forma tradicional. Este proceso requiere mayor esfuerzo, pero, como remarca Oriol: “es parte de nuestra cultura y nuestro patrimonio, el valor que tenemos aquí es la tradición y los siglos de cultura vinícola y hay que respetarlo y conservarlo”.

Si hablamos del vino, Finca Dofí es un tinto con crianza de 19 meses en barrica y desde la misma bodega hablan de él como el vino más sensual debido a sus suelos, en general más ferrosos y calientes. La garnacha interpreta este espacio dando vinos grasos y delicadamente voluptuosos y vivos.


En el caso de Les Terrasses nos encontramos con una selección de viña vieja donde se alían los frutos de decenas y decenas de parcelas de distintos municipios, diferentes propiedades que se aúnan para ofrecer un vino que refleje la historia regional de la zona. 


Les Terrasses está elaborado con uvas samsó y garnacha y es espejo de la tradición y la complejidad de los terrenos del Priorat. La bodega Álvaro Palacios destaca que este vino “recupera las formas de la tradición y alumbra la tranquila distinción de antaño”.



Recuperar la DO Vi de Vila

En el año 2009, la DO Priorat dio un paso adelante para reforzar la identidad de los pueblos de esta denominación de origen y recuperó la indicación Vi de Vila (Vino de villa), que consiste en utilizar al nombre del pueblo como marca del vino. Álvaro Palacios, propulsor de esta iniciativa, elabora un vino bajo esta identidad, así nos explicó que “bebemos lugares, no personas, así era antes y así debería ser”. 

Esta designación recupera el concepto clásico dentro de la cultura vinícola, el vino de un municipio. De esta manera la DO Priorat da un paso adelante y pionero para asociar vinos a lugares, puesto que todas las bodegas de Gratallops, en este caso, pueden etiquetar sus vinos bajo el mismo nombre.


El maestro Oriol Castells nos explicó el proyecto y destacó que el vino Gratallops de la bodega destaca por mantener la personalidad de este entorno abierto a la luz y lleno de fruta y mineralidad.



L’Ermita, el gran clásico de Álvaro Palacios

Álvaro Palacios es un reconocido y reputado productor de vinos que se ha ganado a pulso estos calificativos gracias a los grandes vinos que elabora, y sin duda, L’Ermita es uno de sus estandartes. Llegamos al viñedo, que Palacios adquirió a principios de los 90, y a cada paso descubrimos que paseamos entre cepas centenarias y el respeto y la emoción nos embargan. La viña escala por la colina, en cuya cima se descubre una pequeña ermita que da nombre al viñedo, Ermita de Nostra Senyora de la Consolació.

Oriol Castells, nos detalla que se trata de un viñedo único y magnífico de 1,4 hectáreas. Además, puntualiza que “tenemos 0,2 hectáreas de viñas de 102 años”. De estas viñas viejas de garnacha nace un vino único dispuesto a enamorar a quien lo pruebe.

El proceso de elaboración de L’Ermita es minucioso y se cuida hasta el último detalle. Álvaro Palacios  supervisa cada racimo de uva de la vendimia, que se hace manualmente de manera tradicional. El trato de la viña es absolutamente detallado, se labra el terreno con mulas y se recoge la uva manualmente en cajas de 8 kilos para garantizar el mejor trato. Todo ello para conseguir la mejor calidad de un vino exclusivo del que se comercializan entre 800 y 1500 botellas, dependiendo de lo que da cada añada.

Está claro que elaborar un vino de esta magnitud supone una gran responsabilidad que Álvaro Palacios asume positivamente: “este vino es un reto, siempre estoy nervioso con él, pero es una gran satisfacción.” Nos explica que define 2 fases en la producción de L’Ermita, la primera del 1993 al 2004, cuando había un 25% de cabernet de otra viña. A partir de entonces, Palacios cuenta como optó por utilizar sólo uva del viñedo homónimo.

Cuando Álvaro Palacios habla de L’Ermita, transmite pasión y devoción por el proyecto “es un trabajo de jardinería y orfebrería. Y cuando habla del vino sonríe y nos cuenta como es un producto de “pureza y transparencia, expresa muy bien el entorno, los aromas del aire y del lugar”. 

Con su habitual retórica poética añade que se trata de un “vino de energía contenida, de belleza única, de capricho vertiginoso. Un vino que te hace sentir vértigo al probarlo, sensible, con aromas de frutas mediterráneas, frutos rojos envueltos en piel de naranja,  y una fuerza mineral y ácida que se convierte en un vino desafiante y mágico. Un conjunto vivaz y muy vital.”

L’Ermita es el gran vino clásico de Álvaro Palacios, un vino para el que le sobran las descripciones: “de aspecto sublime y delicado, un vino cuyo viñedo ya tiene fuerza por sí sólo”.



De la viña a la bodega

Todavía sintiendo los aromas de la viña de L’Ermita y con esa sensación de haber pisado unas tierras únicas, Oriol nos lleva hasta la bodega de Gratallops. El edificio, moderno, decorado con sencillez y con grandes ventanales con vistas al pueblo nos acoge. 

Tras un paseo por la bodega, Castells nos explica los métodos tradicionales y nos acompaña hasta la silenciosa e impactante sala donde reposan las barricas. 

Un increíble techo abovedado de cemento nos deja sin habla, con sus líneas parece talmente como si estuviéramos nosotros mismos dentro de una gigantesca barrica. 

En un rincón de la enorme sala descubrimos las barricas de L’Ermita, dispuestas cuidadosamente, no hay más de cuatro, y nos acercamos para sentirnos cerca del proceso que llevará el vino, tras 18 meses en barrica, a deleitar los paladares más exigentes con su personalidad y exclusividad.
















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